Nunca le conocí personalmente, ni siquiera he sabido su nombre, me bastaba con ver su vieja medalla y su mirada para reconocerlo como hermano.
Durante la última década, éste anciano nos esperaba, en su silla de ruedas, en la esquina de la calle Alfonso con la plaza del Pilar.
Cada año detenía el Paso frente a él para que su mirada y la de nuestro Cristo establecieran un emotivo diálogo.
Nuestro hermano, agarraba con fuerza su medalla sin apartar sus húmedos ojos de los de Él.
Admiración, esperanza, amor y sobretodo fe, podían leerse en su rostro.
Pasados unos segundos, le hacíamos entrega de una flor de nuestro Paso que él recogía con profundo agradecimiento, tomando mi mano con firmeza, con la fuerza del cariño y los ojos llenos de lágrimas.
Cada año, unos instantes mágicos de emoción, de amor sin palabras que a él le hacían feliz y a mi me reconfortaban.
Este Viernes Santo mi mirada recorría con ansia las abarrotadas aceras, con el afán de entregar la flor tan deseada por el venerable y anciano cofrade.
No estaba, rebusqué en vano y mi corazón se encogió.
Ésta vez fueron mis ojos los que los que se llenaron de lágrimas y se volvieron hacia la entrañable mirada de nuestro Cristo.
Mantuve un silencioso diálogo…
Luis Beltrán
Viernes Santo de 2019
Pd. Hoy se que nuestro hermano se llamaba José Fandos y que está junto al Padre. D.E.P.

