Herederos de un alto ideal

«Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor» (Hch 4, 33)

Nuestra Cofradía surgió de unos jóvenes de la Acción Católica que tenían como proyecto de vida el ser testigos en todos los ambientes donde se movían, de ese Cristo que era su ilusión y la fuerza de sus vidas. Conscientes de ser herederos del testamento que supone para la humanidad las Palabras que el Señor nos legó desde la Cruz, impregnaron con este espíritu de encarnación personal y comunitaria a la naciente Cofradía, siendo ésta por tanto un marco de su testimonio cristiano y un servicio a la misión evangelizadora de la Iglesia.

Bajo la guía del siempre querido y recordado mosén Francisco, aquellos primeros hermanos vivían la Cofradía con amor, con la fraternidad propia de una verdadera familia de hijos de Dios, donde el sentimiento y la vivencia interior eran incluso superiores a la expresión externa, transformando la predicación en las calles de las Palabras de Jesús desde la cruz en todo un compromiso en donde transmitir su propia vivencia como seguidores, discípulos y testigos del mismo Cristo que resucitó para ser nuestra esperanza:

«El deseo que quiero hacer llegar a todos y cada uno de los hermanos no es otro que lograr de la Cofradía de las Siete Palabras una gran familia, que en la oración de los unos por los otros y en la mutua asistencia ante necesidades espirituales y temporales, triunfos y desgracias, demostremos ser fieles seguidores del Apóstol del Amor».

Mosén Francisco Izquierdo Molins, hermano consiliario perpetuo fundador

I) Una vida dedicada a la Cofradía siendo el espejo en el que debemos mirarnos: los hermanos Fundadores

Tras la huelga de terceroles y, coincidiendo con el inicio de la Guerra Civil, en Zaragoza y en otros lugares de España se fraguó un ambiente propicio para el nacimiento masivo de nuevas cofradías que revitalizaron e, incluso, transformaron la Semana Santa.

Entidades caracterizadas por su carácter grupal y vertical, siendo la mayoría de ellas fomentadas desde las élites e incluso diseñadas desde una perspectiva neogremial (comerciantes, empleados de banca,…), siendo planteadas como asociaciones en cierto modo cerradas, puesto que muchas de ellas quedaba restringido el ingreso a la misma a miembros pertenecientes a un determinado movimiento asociativo. Además, a nadie se le puede escapar que, en muchos casos, la fundación de estas nuevas cofradías estaba directamente promovida y dirigida desde la propia jerarquía eclesiástica, impregnándolas de un espíritu al servicio del «ideal católico y de defender el carácter consustancial de la catolicidad española», convirtiéndolas en «vehículos adecuados para la catequesis y la dirección ideológica del pueblo mediante la espectacularización de un aparato ritual bien diseñado y controlado por las agencias eclesiásticas y políticas» (Mancha Castro, 2020).

En cualquier caso, una de esas instituciones que venían participando regularmente en la procesión del Santo Entierro y en cuyo seno surgiría la idea de crear una cofradía, sería la Juventud Masculina de Acción Católica. Efectivamente, esta rama de la Acción Católica junto al propio Consejo Diocesano, participaban asiduamente en la procesión vespertina del Viernes Santo zaragozano, especialmente durante los complejos y difíciles años comprendidos entre 1935 y 1940. Así, en el famoso año en el que la huelga de terceroles acabaría obligando a que muchos miembros de estas asociaciones se hicieran cargo de portar los pasos, se recordaba en la prensa local a todos los miembros de la institución la obligación que tenían de asistir a la procesión, estableciendo «punto de reunión, a las tres y media, en la calle del Buen Pastor» (La Voz de Aragón, 18 de abril de 1935). De similar forma, en el orden procesional de 1937 figuraban detrás del paso del “Ecce Homo” (o del “Balcón de Pilatos”, aunque hubiera perdido su característico balcón), cambiando su ubicación en los siguientes años para, precisamente en 1940, acompañar al paso de “El Calvario”, para lo cual se convocaba públicamente a todos los miembros de la organización para concentrarse a las seis y media de la tarde en la puerta del Colegio Notarial, debiendo acudir con una vela (cf. El Noticiero, 21 de marzo de 1940).

Integrada como una de las ramas de la Acción Católica promovida por Pío XI a finales del siglo XIX y extendida exitosamente por toda España, el movimiento juvenil supondría un capítulo importantísimo en la historia del apostolado seglar. Precursor del Concilio Vaticano II en muchos aspectos, resaltando e inculcando desde tempranas edades el papel fundamental del seglar en la Iglesia y en el mundo, en Zaragoza estaría propulsado en sus inicios por mosén Pedro Dosset quien fundaría el centro en la Iglesia Parroquial de San Pablo, al que le seguirían otros muchos en las principales parroquias de la ciudad como la Seo, Santiago, San Felipe o San Gil, incorporándose más tarde en barrios e, incluso, en colegios.

Bajo el lema común de «piedad-estudio-acción», cada centro parroquial, que contaba con su propio consiliario y junta directiva, elaboraba su programa anual sobre temas de fe, liturgia, moral y doctrina social católica, significando toda una novedosa catequesis juvenil en la que se compatibilizaba el conocimiento del Evangelio con peregrinaciones, ejercicios espirituales, campañas contra el hambre e, incluso, actividades recreativas.

Su asentamiento definitivo y potenciación en Zaragoza vino de la mano de mosén Francisco Izquierdo Molins, quien actuaría de consiliario diocesano durante más de dos décadas, promoviendo la fundación de diversidad de obras apostólicas entre las que, evidentemente, se incluye nuestra Cofradía. Para ello, mosén Francisco (como buen líder que era) supo rodearse de un grupo de jóvenes emprendedores a los que el mismo denominaría la “minoría selecta”, es decir, personas de confianza y de gran valía demostrada, «de gran espíritu apostólico, con experiencia y capacidad de dirección» (Izquierdo Molins, 1970):

«Excelentes como seres humanos, derrochando naturalidad, alegría, simpatía y optimismo; como cristianos, con su conducta intachable y ejemplaridad notoria; como profesionales, siendo los mejores en el trabajo del campo de la cátedra, de la gerencia, del taller, de lo que lleven entre manos; como apóstoles, con visión amplia y corazón de fuego, con intrepidez y entrega, con audacia, abnegación y sacrificio; dinámicos y constantes, urgidos por la caridad, lanzados con decisión a la conquista de hombres-vértebras, hombres-motores, para la consolidación y dilatación del Reino de Cristo. Personas de inteligencia clara y sentido común ilustrado, firmes en los principios y flexibles en las aplicaciones, de piedad profunda con rectitud de intención y sentido de la responsabilidad, llenos de confianza en Dios y rebosantes de caridad ardiente a lo san Pablo».

Mosén Francisco Izquierdo Molins, hermano consiliario perpetuo fundador

Lógicamente, y al pertenecer a la citada Juventud Masculina de A.C., la inmensa mayoría de nuestros fundadores eran jóvenes, que en el mejor de los casos (en los de mayor edad) apenas habían comenzado su andadura profesional (que algunos, tiempo después, desarrollaron con éxito y gran repercusión social). Eran, por tanto, personas procedentes de todos los círculos sociales, universitarios e incipientes profesionales de ámbitos tan variados como la medicina, la abogacía, la arquitectura o la ingeniería, no faltando tampoco maestros, pequeños empresarios, empleados de banca, militares, funcionarios, administrativos y obreros. No importaba si su linaje era o no de alta alcurnia, o si la profesión que desempeñasen o iban a desempeñar en el futuro era más o menos glamorosa, sino que lo fundamental era su grado de compromiso apostólico y eclesial que, por supuesto, era muy muy alto, puesto que se encontraban vinculados, incluso ocupando cargos de gran responsabilidad, en los órganos de dirección de la propia Acción Católica (como el Consejo Diocesano de Jóvenes de Acción Católica de Zaragoza, la Unión Diocesana de Acción Católica o los centros parroquiales) así como en otras institucionesy movimientos eclesiales como la Asociación Católica de Propagandistas, la Unión de Sindicatos Obreros Profesionales, la Asociación Católica de Maestros de San José de Calasanz.

Todos y cada uno de los hermanos fundadores, tanto los que desde un primer momento secundaron la idea de mosén Francisco, acudiendo a aquella primera reunión celebrada el 29 de enero de 1940, como los que sucesivamente se irían incorporándose a nuestras filas hasta el año 1945 (fecha en la que se estableció como límite para establecer esta distinción) suplieron los ingresos limitados, las penurias propias de la postguerra y, por supuesto, la falta de ayudas institucionales, con esfuerzo, dedicación, espíritu de sacrificio y mucho ingenio para cimentar la construcción de una Cofradía que, desde incluso antes de ser erigida, tenía la vocación de ser algo más que una entidad que sale a la calle con vistosos colores y ruidosos tambores durante la Semana Santa.

Nuestros queridos y añorados hermanos fundadores constituyeron toda una milicia del espíritu que prepara para la vida y forja apóstoles, moviéndose exclusivamente por un ideal máximo, «Jesucristo vivido y propagado». Y toda su ingente labor la desarrollaron confiando todo «en Aquel que les conforta», creyendo «en la fuerza apostólica del Amor», amando a «Dios y España», aspirando a una «vida pura, alegre y piadosa» y esforzándose por ser «vanguardias de Cristo Rey» (Borobio Ojeda, 2008).

Fundadores: primeros hermanos en tocar el tambor en las procesiones de Semana Santa en Zaragoza (fotografía del Archivo de la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista).

Pioneros en la Semana Santa zaragozana

En un época ya de por si marcada por la novedad de la constitución de las cofradías filiales de la Hermandad de la Sangre de Cristo, la aparición de nuestra Cofradía aportó un aire fresco y renovador a la Semana Santa zaragozana, dotando a nuestras procesiones de iniciativas que calarían muy hondo en el pueblo zaragozano, al ofrecer al pueblo fiel la posibilidad de escuchar en la calle la predicación de las Siete Palabras (hasta entonces reservada a espacios selectos y cerrados), incorporando asimismo el sonido de los tambores característicos del Bajo Aragón transformados en heraldos del mensaje de Cristo desde la Cruz. Sin embargo, la Cofradía quiso ser desde su propia fundación, algo más que una entidad que organizara esplendorosos actos externos y, pronto empezó a escribir una historia fecunda en frutos y rica en esperanzas como comunidad eclesial, organizando comuniones generales, tandas de ejercicios espirituales, generosas limosnas o visitas a los enfermos.

Fundadores: comprometidos con la Iglesia Diocesana (fotografía de Francisco J. Romero)

Comprometidos con la Iglesia diocesana

Nuestros fundadores mantuvieron a lo largo de sus vidas un fuerte compromiso con la Iglesia diocesana. Ya en el mismo año de la fundación de la Cofradía, muchos tuvieron altas responsabilidades en la celebración de la peregrinación nacional de los jóvenes de Acción Católica a Zaragoza con motivo del XIX Centenario de la Venida de la Virgen. Asimismo, y además de presidir y ocupar cargos dirigentes en las diferentes ramas de Acción Católica, en su Unión Diocesana, en la Asociación Católica de Propagandistas y en diversidad de asociaciones y movimientos eclesiales, también fueron elegidos para asistir a grandes eventos internacionales de la época, como el «XIX Congreso Mundial de Pax Romana», llevando las riendas de otros muchos congresos y encuentros católicos que pudieron organizarse en nuestra ciudad gracias a su vital contribución.

Fundadores: homenaje en la eucaristía de apertura del 75º Aniversario fundacional celebrada en el mes de febrero de 2014 en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal (fotografía de Jesús Oche Lozano).

Firmes en la fe y fieles a su Cofradía

A aquel reducido grupo de miembros de la Juventud Masculina de la Acción Católica que, animados por mosén Francisco, tuvieron la feliz idea de fundar una Cofradía en tiempos de postguerra, se les fueron unieron más y más jóvenes que estaban totalmente seguros de que lo único importante en sus vidas era Jesucristo. Con el paso de los años, la vida de aquellos ilusionados jóvenes fue transcurriendo por distintos derroteros, creciendo profesionalmente, fundando sus propias familias y madurando en su fe. Cambiaron físicamente, afrontaron las enfermedades y la vejez y vieron como la sociedad cada vez era más reacia y hostil hacia todo lo religioso, pero, espiritualmente, mantuvieron inalterables sus ideales viviendo su Cofradía «con la lozanía de la juventud» y manteniendo su condición de cofrades con fortaleza en la fe, firmeza en la esperanza y constancia en el amor y en el servicio a los demás (cf. Romero Fernández, 2004).

II) Diferentes tipos de hermanos, todos por igual discípulos de Cristo

Ser cofrade no es hacerse socio de una asociación, club o peña, ni es solo apuntarse para realizar una determinada actividad. Ser cofrade es algo muy serio e importante que «no puede reducirse a un hobby religioso para unos días, sino que tiene que considerarse como un enfoque concreto de la vida cristiana seglar» (Gracia Lagarda, 1999). Es una forma de vivir en cristiano, de seguir a Jesucristo, de caminar como ciudadanos de este mundo, de sentir el calor de la propia familia. Ser cofrade es un modo peculiar de vivir la fe, de manera comunitaria, orgánica y corporativa, desde el seno de la gran Cofradía universal que es la Iglesia.

«Tú ¿eres cofrade? Si respondes diciendo que sí, has de saber que estás manifestando, aunque sea implícitamente, que eres parte de la iglesia, miembro vivo de ella, que frecuentas los sacramentos, participas en su vida pastoral y, en la vida personal, manifiestas una actitud acorde con su moral».

Rvdo. D. Fernando Urdiola Guallar, 2019

Consecuentemente, la primera y fundamental condición para pertenecer a la Cofradía, no puede ser ni la simple tradición familiar, ni el atractivo de tocar un instrumento y ni siquiera por la devoción que se le pueda tener a una de nuestras imágenes titulares. La condición básica, que debe ser al mismo tiempo la motivación determinante para ser miembro de la Cofradía es la de ser bautizado, considerando que el bautismo no es otra cosa más que el compromiso serio y personalmente asumido de vivir inserto en la vida de la comunidad eclesial como miembro vivo y activo de la misma, ya que al recibir este sacramento el cristiano no sólo pertenece a la Iglesia sino que es Iglesia (cf. Calero de los Ríos, 2000).

En nuestros orígenes, para ser hermano de la Cofradía era preciso ser hombre y pertenecer a alguna de las ramas de la Acción Católica (Estatutos fundacionales, Art. 3), quedando establecido un número clausus de hermanos numerarios fijado en una centena, «designando en un principio a los cien Hermanos primeros en la Cofradía», por lo que superado ese número, quienes ingresaban como hermanos quedaban sin número hasta cubrir las primeras vacantes que se produjeran (cf. Acta de Junta de 25/12/1941).

Con las reformas estatutarias llevadas a cabo a lo largo de los años, aprobadas debidamente por el ordinario del lugar, dejó de ser requerida la obligatoriedad de pertenencia a la Acción Católica pasando a tener carácter mixto desde 1995. De este modo, pueden ser miembros de la Cofradía aquellas personas bautizadas que reuniendo las condiciones exigidas por el derecho común, que no hubieran rechazado públicamente la fe católica o que se hayan apartado de la comunión eclesiástica o incursas en una excomunión impuesta o declarada (cf. CIC, c. 316 § 1), soliciten su ingreso por escrito a la junta de gobierno mediante presentación o aval de dos miembros, debiendo ser aceptada por la junta de gobierno contando con el refrendo del Capítulo General.

Aceptados los Estatutos y el espíritu de la Cofradía, y siguiendo las disposiciones del Código de Derecho Canónico vigente, para tener los derechos y privilegios que brinda una Asociación Pública de Fieles así como para ganar las indulgencias y otras gracias espirituales concedidas a la misma, «es necesario y suficiente haber sido admitido válidamente en ella» (c. 306), aceptándose que «una misma persona pueda pertenecer a varias asociaciones» (c. 307 § 2) y no pudiendo ser expulsado de ella, si ha sido admitido legítimamente, «si no es por causa justa, de acuerdo con la norma del derecho y de los estatutos» (c. 308).

El núcleo del cuerpo de miembros de la Cofradía lo conforman los hermanos Numerarios, que son aquellos que, «identificados con el espíritu de la misma y después de haber cumplido las obligaciones reglamentarias durante un periodo mínimo de dos años, hayan sido proclamados como tales por la Junta de Gobierno y refrendados por el Capítulo General» (art. 11). Son, además, quienes desempeñan los cargos de gobierno, teniendo derecho de sufragio tanto activo como pasivo además de voz y voto en las reuniones capitulares, pudiendo participar en las procesiones con instrumento, vela o portando atributos y pasos o en cualquier otro espacio o sección creada al efecto.

Inicialmente, junto a estos hermanos Numerarios, la Cofradía posibilitaba el ingreso a otra clase de hermanos que, bajo el título de Coadjutores, debían ayudar y acompañar a los primeros en procesiones y actos, desempeñando por riguroso turno «el oficio de maceros de la Hermandad». Estos hermanos, tenían voz pero no voto en los Capítulos y debían esperar al menos dos años cumpliendo fielmente todo lo especificado en el Reglamento para poder llegar a cubrir las vacantes de los Numerarios (arts. 4 y 5 de los Estatutos fundacionales). Levantado el número clausus en los Estatutos de 1960, se mantendría esta clase de hermanos que pasarían a Numerarios al cumplir durante cinco años las obligaciones estatutarias, cambiando a partir de 1970 su denominación para ser llamados hermanos Receptores. De este modo, y según el art. 12 de los actuales Estatutos, son aquellos que, habiendo cumplido catorce años y tras cursar la pertinente solicitud de ingreso presentada por un hermano, «hayan sido admitidos por la Junta de Gobierno y obtengan el refrendo del Capítulo general» debiendo, durante el tiempo que dure su receptoría y hasta su paso definitivo a Numerarios (estipulándose en dos años, siempre y cuando cumplan con las obligaciones impuestas), colaborar en el cumplimiento de todos los fines de la Cofradía, asistiendo a los actos reglamentarios, y teniendo voz y voto en los Capítulos, pudiendo igualmente formar parte las procesiones en cualquiera de las secciones.

Además de estas dos clases de hermanos, sustancia principal de la Cofradía desde su fundación, a lo largo de los años también se irían incorporando otras tipologías como serían los Hijos de Hermanos. Aprobada en el Capítulo celebrado el 29 de diciembre de 1945 la propuesta de incorporación a nuestras filas de los menores de catorce años que fuesen hijos y nietos de los hermanos de la Cofradía, inicialmente no podían salir en las procesiones hasta no haber hecho la “Primera Comunión”, debiéndolo hacer única y exclusivamente en los lugares reservados para ellos, aunque pudiendo pasar a la sección de velas o de instrumentos una vez cumpliesen los catorce años. En revisiones estatutarias posteriores, se especificaría que «gozarán de especial atención y cariño dentro de la misma», pudiendo «ser inscritos desde su bautismo, mediante solicitud del padre o la madre», permitiéndoles asistir con hábito a las procesiones «a partir de los siete años de edad» y «pasando a numerarios al cumplir los catorce años» (art. 13 de los actuales Estatutos).

Por otra parte, y desde el Capítulo celebrado el 14 de enero de 1968, también se abrió la oportunidad de ingresar en nuestra Cofradía, bajo la categoría de hermanos Aspirantes, a todos aquellos que hubieran hecho la “Primera Comunión” (reactualizándose la edad en los Estatutos de 1995, a partir de los siete años) pero que no fuesen hijos o nietos de hermano, rigiendo sobre ellos los mismos derechos y obligaciones que los hijos de hermanos, con la salvedad de que al cumplir los catorce años no pasan directamente a Numerarios sino a Receptores.

Finalmente, en el ya citado Capítulo de 29 de diciembre de 1945, también se aprobaría la creación de la categoría de hermanos Bienhechores, a la que se pueden adscribir todas aquellas personas «honorables, simpatizantes con la Cofradía, que de algún modo quieran estar vinculados a la misma y colaborar económicamente a sus necesidades», no pudiendo usar el hábito penitencial pero si la medalla que tendrán que portar para participar en todos los actos, cultor y procesiones que organice la Cofradía.

En cualquier caso, y con independencia de la clase o tipología que fuese, todos los hermanos tienen una serie de obligaciones que deben cumplir tras producirse su ingreso debiendo, además de recibir la medalla de la Cofradía al ser nombrado Numerario o pagar puntualmente la cuota establecida, asistir a los actos y Capítulos Generales así como formar parte de la procesión de las Siete Palabras en la mañana del Viernes Santo y en la del Santo Entierro por la tarde, amén de cuantos otros actos reglamentariamente se determinen. Asimismo tienen que prometer recibir los Santos Sacramentos cuando se hallaren en grave estado de enfermedad; obedecer a la Jerarquía de la Iglesia; colaborar con disciplina y buen espíritu a los fines de la Cofradía; y aceptar sus Estatutos, Reglamentos y usos y costumbres legítimas. Y, además, deben procurar tanto el ingreso el ingreso de nuevos Hermanos en la Cofradía como su propio perfeccionamiento espiritual, siendo solícitos en el cumplimiento de sus deberes religiosos, sociales y apostólicos.

Varios hermanos de la sección de instrumentos de la Cofradía, preparándose para interpretar una de las marchas que suenan durante el cierre de la procesión del Lunes Santo (fotografía de Mario Pastor).

Composición actual de la Cofradía

Datos procedentes de la «Relación General de Hermanos» a fecha 31 de diciembre de 2021

1040
Hermanos
Numerarios
27
Hermanos
Receptores
88
Hijos de
Hermano
25
Hermanos
Aspirantes
72
Hermanos
Bienhechores

III) Hermanos Mayores de Honor y Hermanos de Honor: ejemplo y modelo a seguir

A lo largo de los años, la Cofradía ha distinguido a un selecto grupo de hermanos que no solo han contribuido a engrandecer la entidad, tanto en número de hermanos como en patrimonio y prestigio, sino que con su esfuerzo, dedicación, entrega sin límites y amor hacia a Dios, a la propia Cofradía y a todos los hermanos, la han erigido en una comunidad verdaderamente conformada por testigos de Cristo. Ellos, como decía nuestro querido fundador, han sido «motor y fermento, luz y guía, hermanos y maestros, por la conducta más que por la palabra».

Todos los hermanos de la Cofradía, les debemos agradecimiento perpetuo a nuestros hermanos mayores de honor y hermanos de honor, que en su labor apostólica en el seno de la Cofradía se distinguieron como «ejemplos de auténtica perfección cristiana», como «sinceros y generosos obreros del Evangelio» (Benedicto XVI, 2007). Por ello es importante que sus nombres queden grabados en letras de oro en los anales de nuestra historia. Que no haya ni un solo hermano de la Cofradía que no conozca quiénes fueron y qué hicieron por la Cofradía, con el deseo de que, por intercesión de la Santísima Virgen y de nuestro patrón san Juan Evangelista, seamos capaces de seguir los pasos que ellos emprendieron junto a Cristo.

Capellán de Honor: José Manuel Arenal Camón (fotografía del Archivo de la Cofradía)

José Manuel Arenal Camón
Capellán de Honor

Cántabro de nacimiento, siguiendo los pasos de su padre se trasladaría a Zaragoza para estudiar la carrera de medicina, llegando a ejercer como médico rural durante cinco años en la provincia de Soria, un tiempo en el que escuchó la llamada de Dios para ser elegido «mejor que sanador de cuerpos, cura de sus almas». Tras estudiar teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, fue ordenado sacerdote por el obispo de Vitoria, monseñor Peralta Ballabriga, comenzando a ejercer su ministerio pastoral en la archidiócesis de Zaragoza, siendo enviado a los pueblos de colonización de Bardenas. Nombrado posteriormente capellán del “Colegio Universitario Pedro Cerbuna” y consiliario de la Hermandad Médico Farmacéutica de San Cosme y San Damián, colaboraría incesantemente con “Medicus Mundi”, fundando también la “Escuela Diocesana de Trabajo Social”. Durante los últimos años de vida de mosén Francisco, fue requerido para hacerse cargo de la dirección espiritual de la Juventud de Acción Católica, recogiendo el testigo de nuestro fundador tanto como consiliario diocesano como capellán de nuestra Cofradía y del Stadium Casablanca. Hombre con “don de consejo”, su palabra solía poner luz y orden en miles de asuntos intrincados, siendo clave en la renovación estatutaria de la Cofradía culminada, precisamente, pocos meses de su muerte sucedida el 10 de noviembre de 1995.

Capellán de Honor: Jesús Feliú Valiente (fotografía del Archivo de la Cofradía)

Jesús Feliú Valiente
Capellán de Honor

Militante de Acción Católica, propagandista, congregante mariano y adorador nocturno, se incorporó a la Cofradía en 1964, siendo miembro durante años de la Sección de Instrumentos. Farmacéutico de profesión, ingresó en el zaragozano “Seminario de San Carlos” para vocaciones tardías, completando sus estudios eclesiásticos en el “Seminario Mayor”. Fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1973, iniciando su ministerio como coadjutor en la parroquia Madre de Dios de Begoña para, posteriormente, proseguir en las parroquias de San Andrés, Santo Dominguito de Val y, finalmente, en la parroquieta de La Seo. Afable, siempre cordial y de espíritu alegre, compaginó sus labores pastorales con la formación cristiana de los más jóvenes, siendo profesor de religión en la Escuela Profesional San Valero, además de consiliario de Stadium Casablanca desde 1991 hasta 2004. En la Cofradía, fue vicecapellán colaborando estrechamente con José Manuel Arenal y supliéndole en sus periodos de enfermedad, siendo nombrado capellán al fallecimiento de éste en 1995. Mientras su salud se lo permitió derrochó energía en su trabajo, dejando una huella muy profunda en todos los hermanos de la Cofradía, siendo entrañables las palabras de despedida que cada año pronunciaba momentos antes de concluir la procesión titular. Tras una larga enfermedad, fallecería el 4 de octubre de 2010.

Consiliario de Honor: Fernando Arregui Moreno (fotografía de Jorge Sesé)

Fernando Arregui Moreno
Consiliario de Honor

Cofrade desde la cuna, a través de su participación activa en la Cofradía sintió la llamada de Dios. Licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca y ordenado sacerdote en 1993, su ministerio pastoral lo ha ejercido principalmente en nuestra ciudad, siendo vicario de la parroquia de Madre de Dios de Begoña y de la del Sagrado Corazón de Jesús, de la que sería también párroco, al igual que de San Miguel de los Navarros. También fue consiliario Diocesano de Acción Católica General de Adultos, además de ser nombrado para diferentes cargos en la archidiócesis, ejerciendo de delegado episcopal de Pastoral Vocacional, rector del Seminario Metropolitano o vicario judicial del Tribunal Interdiocesano, y siendo también profesor del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón. Nombrado consiliario de la Cofradía en 2005, donde ha desarrollado una inmensa labor apostólica especialmente entre los más jóvenes, siendo parte fundamental en la organización de los Campamentos y de otras actividades tanto pedagógicas como lúdicas, su pasión por las cofradías y su conocimiento de la religiosidad popular le han llevado a asumir el encargo de afrontar la dirección espiritual tanto de la Junta Coordinadora de Cofradías como de la delegación episcopal de Pastoral de las Cofradías y Hermandades de Semana Santa, amén de actual consiliario de Stadium Casablanca.

Hermano Mayor de Honor: Emilio Lasala Liñán (fotografía del Archivo de la Cofradía)

Emilio Lasala Liñán
Hermano Mayor de Honor

Quizás por ser algo mayor de edad que el resto de jóvenes que conformaron la nómina de fundadores de la Cofradía, o por sus grandes dotes comunicativas como director de la prestigiosa imprenta y librería “La Editorial”, o por su ya intensa vinculación con la Acción Católica (siendo vicepresidente del Consejo Diocesano), lo cierto es que se convirtió en la mano derecha de mosén Francisco en la creación de diferentes proyectos. Así, al formarse la junta organizadora para la fundación de la Cofradía, fue nombrado su presidente y, una vez constituida la misma, su primer Hermano Mayor. Un cargo que ostentó durante diez intensos años (hasta 1950) y que culminó con la adquisición del paso de “La Tercera Palabra”. Su compromiso apostólico y social, le llevó también a ser fundador y presidente del Stadium Casablanca y pieza fundamental de la llamada “Operación Suburbios”, teniendo una calle en su honor en el barrio de La Paz. Al cesar en su mandato al frente de la Cofradía, el Capítulo General lo proclamó “Hermano Mayor de Honor a Perpetuidad”, siendo el primer hermano al que se le concedió una distinción honorífica. Falleció el 16 de octubre de 1991.

Hermano Mayor de Honor: Mariano Bíu Aína (fotografía del Archivo de la Cofradía)

Mariano Bíu Aína
Hermano Mayor de Honor

Hombre de total confianza de mosén Francisco, con quien ya había emprendido diversas iniciativas, sin lugar a dudas se trata de una de las personas clave de la historia de la Cofradía. De estado civil célibe (como nuestro patrono San Juan, al que quiso imitar en todo), dedicó toda su vida a la Acción Católica, teniendo cargos destacados de dirección tanto en la Juventud como en la rama de Hombres y en los consejos diocesanos. Igualmente trabajó arduamente en otras obras de proyección evangélica cofundadas con mosén Francisco, desarrollando una comprometida labor catequética en varias parroquias, lo que realizó junto con su propensión de ayudar siempre al necesitado, tanto de apoyo material como de caridad cristiana. En la Cofradía, ocupó diversidad de cargos, siendo el primer Teniente de Hermano Mayor; auténtico alma mater de la “Sección de Tambores”, al regentar una de las más prestigiosas tiendas musicales de la ciudad; presidente de la comisión artística del paso de “La Tercera Palabra” y cabecero del mismo; y, finalmente, Hermano Mayor durante trece años (desde 1961 hasta 1974), falleciendo el 23 de enero de 1982.

Hermano Mayor de Honor: Pedro J. Hernández Navascués (fotografía de Jesús Oche)

Pedro J. Hernández Navascués
Hermano Mayor de Honor

Perteneciente desde su niñez a la Acción Católica (inicialmente en la sección del Colegio Marista y después en el centro parroquial de La Seo), ingresó en la Cofradía en 1953, primero como hermano de vela y después como hermano de tambor. En 1971, comenzó su andadura en la junta de gobierno como Tesorero, pasando en 1978 a ser hermano Teniente y, desde 1984 y hasta 1999, Hermano Mayor. Durante su mandato impulsó la renovación total de la Cofradía, adaptando los Estatutos a las directrices del nuevo Código de Derecho Canónico lo que supuso la integración efectiva de hermanas, la adhesión a la parroquia de San Gil o la creación de la Obra Social. También instauró el Vía Crucis público, afrontando con éxito el Cincuentenario fundacional y la construcción del paso de la “Quinta Palabra”. Su preparación y amor a la Semana Santa le llevaron a afrontar también la reforma estatutaria de la Junta Coordinadora de Cofradías, siendo elegido su presidente desde 1998 hasta 2006, continuando colaborando con la Cofradía en diversidad de aspectos, especialmente en las relaciones con la Parroquia y en el grupo de liturgia.

Hermano Mayor de Honor: Mariano Gil Royo (fotografía de Jesús Oche)

Mariano Gil Royo
Hermano Mayor de Honor

Tras ingresar en la Cofradía en 1958, y pasar por varias secciones y puestos procesionales, accedió a la junta de gobierno en 1984 desempeñando primeramente el cargo de Cetro, y posteriormente Teniente de Hermano Mayor y Secretario, hasta que en el Capítulo General de Cuaresma de 1999 fue elegido Hermano Mayor. Durante los más de seis años que duró su mandato, se ganó el cariño de todos los hermanos gracias a su carácter abierto y bondadoso y a su espíritu entregado y comprometido, llevando a cabo varias iniciativas con las que ampliar el patrimonio de la Cofradía (como la adquisición del “Cristo de la Peana”) y, sobre todo, reforzar el espíritu fundacional de la misma implicando a la juventud y potenciando la Obra Social (con la que siguió colaborando durante años como hermano responsable de la misma). Respetado y apreciado por todo el mundo cofradiero zaragozano, a lo largo de los años también ha ocupado cargos de responsabilidad tanto en la Junta Coordinadora como en la archidiócesis, siendo Delegado Episcopal de Pastoral de las cofradías y hermandades de Semana Santa desde 2015.

Hermano Mayor de Honor: Luis Ignacio García Aguaviva (fotografía de César Catalán)

Luis Ignacio García Aguaviva
Hermano Mayor de Honor

Si algo caracteriza a Nacho, como cariñosamente le llamamos todos, es su orgullo y sentimiento de pertenencia hacia la Cofradía que lleva allá por donde va. Hermano desde su niñez, pasó como otros muchos por la sección de instrumentos hasta que, por su carisma y capacidad de liderazgo, la junta de gobierno presidida por Pedro Hernández le confirió el honor de ser hermano guión. Posteriormente, fue designado como primer cabecero de la peana del «Cristo de las Siete Palabras», accediendo a cargos de responsabilidad, como hermano encargado de Patrimonio y, después, como Teniente de Hermano Mayor. En la Cuaresma de 2010, fue elegido Hermano Mayor, un cargo que desempeñó hasta 2018. Durante su mandato, afrontó con gran éxito no pocos retos, tales como la celebración del 75º aniversario fundacional al que nutrió de infinidad de actos y que tuvo su punto culminante con el estreno del nuevo paso del “Cristo de la Expiración”, así como la organización de las exaltaciones de instrumentos de 2017 y el pregón de la Semana Santa de 2018. Actualmente, es además, el presidente de la Junta Coordinadora.

Hermano de Honor: Fernando Hué Herrero (fotografía de familia Hué)

Fernando Hué Herrero
Hermano de Honor

Hijo del famoso ingeniero que construyera el “acueducto de los Arcos” en Teruel, siguió los pasos de su padre, trasladándose a Madrid para realizar sus estudios y emprender su carrera profesional, ingresando allí en las Juventudes de Acción Católica. Tras trasladarse a Zaragoza para trabajar en la Confederación Hidrográfica del Ebro, continuó su labor apostólica de la mano de mosén Francisco quien vio en él un candidato perfecto para entrar a formar parte de su selecto grupo de colaboradores. Fundador, por tanto, de nuestra Cofradía, en 1950 se convirtió en nuestro segundo Hermano Mayor, cargo que ostentaría hasta 1957. Su vida se caracterizó por cumplir hasta el extremo la voluntad del Padre. Tras la trágica muerte de su esposa en un accidente sucedido en 1977, ingresó en el “Seminario de Casablanca”, siendo ordenado diácono en 1982 y recibiendo el orden sacerdotal el Domingo de Pentecostés de 1983. Destinado a la parroquia de San Pedro Arbués y, posteriormente, a la de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, sus últimos años de vida estuvieron marcados por graves problemas de salud, falleciendo el 25 de enero de 1997.

Domingo Sánchez Simón
Hermano de Honor

Aunque nacido en Gea de Albarracín, su infancia y adolescencia la pasaría en Teruel donde ingresaría en la Juventud de Acción Católica, trasladándose a Zaragoza tras la Guerra Civil para realizar sus estudios de medicina, residiendo en el Colegio Mayor Pedro Cerbuna. Allí precisamente, pasaría a formar parte del recién constituido “Centro interno-parroquial de Apostolado Universitario de San Braulio” inaugurado por mosén Francisco y dirigido espiritualmente por Pedro Altabella, prosiguiendo su militancia activa en la Escuela de Propagandistas y en el Consejo Diocesano de Jóvenes de A.C., siendo igualmente pieza clave en la Junta Rectora de la Casa de Jesús Maestro y fundador del Stadium Casablanca. Hombre muy valorado en la archidiócesis, con la que colaboró como médico del Seminario y de distintas órdenes religiosas así como perito en los Tribunales Eclesiásticos, en la Cofradía ingresó como hermano de tambor, siendo hermano Visitador en 1953 y Cetro en el periodo entre 1954 y 1956, pasando a ser Hermano Mayor entre 1957 y 1961. Falleció el 9 de octubre de 2003.

Hermano de Honor: Diego De Paz Rivero (fotografía de Javier Rodríguez Catalán)

Diego De Paz Rivero
Hermano de Honor

Hombre íntegro, honesto y trabajador, desarrolló gran parte de su trayectoria profesional en la administración pública, siendo reconocida su labor con la concesión de la medalla de oro de la Seguridad Social. Militante de Acción Católica, primero del centro parroquial de la Magdalena y después en el seno de las ramas de juventud y de hombres, sus grandes dotes de gestión le llevaron pronto también a ocupar cargos de responsabilidad en la citada organización eclesial como en otros movimientos asociativos como la Hermandad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Funcionarios del Instituto Nacional de Previsión (de la que fue su presidente) como en el Consejo de Hermandades de Trabajo y Obras Sociales (de la que fue su administrador general). Socio fundador del Stadium Casablanca, en la Cofradía ingresó en el año 1947, pasando a formar parte de la junta de gobierno a partir de la década de los años setenta del siglo pasado, siendo inicialmente nombrado Tesorero, después Teniente de Hermano Mayor y, finalmente, en 1974 y hasta 1984, Hermano Mayor. Falleció el 10 de noviembre de 1993.

Hermano de Honor: Ricardo José López Lera (fotografía del Archivo de la Cofradía Jesús de la Humillación)

Ricardo José López Lera
Hermano de Honor

Hermano de la Cofradía desde el año 1970 hasta su fallecimiento el 17 de noviembre de 1993, fue probablemente uno de los cofrades que más contribuyeron a la modernización de las cofradías zaragozanas. Su espíritu emprendedor e innovador, fiel al estilo de mosén Francisco, le llevó en su juventud a cofundar la Sección de Jóvenes de la Cofradía del Rosario, dinamizando y casi rescatando del olvido el “Rosario de Cristal”, siendo pionero igualmente de lo que ahora se ha llamado “cultura morada”. Tras unos años en la sección de instrumentos tocando el timbal, pasaría a formar parte de la junta de gobierno en 1981 como Secretario, desempeñando desde 1984 el cargo de Teniente de Hermano Mayor. Su labor en la Cofradía sería interminable de abarcar, promoviendo multitud de actividades culturales y recreativas, siendo también el alma mater de la creación de la sección infantil de instrumentos, del Vía Crucis público, del torneo de guiñote para cofrades o de los hermanamientos con diferentes cofradías, además de haber sido pieza fundamental en la celebración del Cincuentenario y en la construcción del paso de “La Quinta Palabra”.

Hermano de Honor: José Ignacio Senao Gómez (fotografía de Jesús Oche)

José Ignacio Senao Gómez
Hermano de Honor

Conocido político zaragozano con un amplio bagaje como senador, diputado nacional y autonómico, concejal del Ayuntamiento de Zaragoza y presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, precisamente su labor al frente de ésta tanto en la promoción de la restauración de la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal como en la difusión de la Semana Santa (creando iniciativas como el toque del carillón al paso de las procesiones o la elaboración de piezas dedicadas a las cofradías zaragozanas por el Taller Escuela de Cerámica de Muel), le valieron en 1998 el “Premio Tercerol” concedido por la Asociación para el Estudio de la Semana Santa. Estrechamente vinculado a la Semana Santa, como hermano de la Cofradía del Silencio y receptor de la Hermandad de la Sangre de Cristo (siendo su actual presidente), su colaboración con nuestra Cofradía se plasmó en la publicación del libro “Cincuenta años de tambor en la ciudad de Zaragoza”, así como en la aprobación de la restauración del paso de “La Tercera Palabra” y en el convenio de colaboración suscrito para el uso de la Iglesia de San Cayetano y de la capilla-altar donde se expone nuestro paso titular.

Hermano de Honor: Fernando Pinilla González (fotografía de David Beneded)

Fernando Pinilla González
Hermano de Honor

Miembro de la Cofradía de la Crucifixión del Señor y de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, de la que junto a su padre fue uno de sus fundadores y hermano mayor en distintas épocas, en su larga trayectoria cofrade ha ocupado cargos de relevancia en la Junta Coordinadora de Cofradías, llevando a cabo también una imparte labor de investigación y recuperación del patrimonio documental, siendo socio de la Asociación para el Estudio de la Semana Santa, colaborando con la publicación “Tercerol. Cuadernos de Investigación” o promoviendo la digitalización del antiguo “Libro de Actas de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís”. Aunque, sin lugar a dudas, su contribución más relevante tanto a nuestra Cofradía como a todas las que conforman la Semana Santa de Zaragoza la ha realizado durante años a través de la desinteresada cesión de miles de sus obras fotográficas con las que se han ilustrado carteles, publicaciones, folletos, revistas y páginas web de todas las cofradías y hermandades. Una labor que fue reconocida con la concesión de la “Placa de Oro” de la Junta Coordinadora y con su nombramiento como “Hermano de Honor” de nuestra Cofradía.

Hermano de Honor: José Luis Gracia Guisado (fotografía de Jesús Oche)

José Luis Gracia Guisado
Hermano de Honor

Hermano de la Cofradía desde 1956, gran parte de su andadura cofrade la desarrolló en el seno de la sección de instrumentos hasta que en 1990 entró a formar parte de la junta de gobierno donde ocupó, sucesivamente, los cargos de hermano Visitador, Tesorero y Secretario, colaborando incesantemente en todo lo que se precisaba, siendo durante años el auténtico alma mater de la venta de participaciones del número que juega cada año la Cofradía en la “Lotería de Navidad”, con cuyos beneficios tantas y tantas cosas se han podido llevar a cabo tanto en el ámbito social-caritativo como en el patrimonial. Al margen de su colaboración con la junta, desempeñó también un importante papel como cabeza visible y representante de la Cofradía en multitud de actos y eventos, participando prolífica y constantemente hasta su fallecimiento acontecido el 13 de febrero de 2018, en todo tipo de congresos y encuentros cofrades, tanto nacionales como regionales, contribuyendo también con su predisposición y conocimientos a la organización de actividades culturales y formativas tanto en el seno de la propia Cofradía como en la Parroquia de San Gil.

Hermano de Honor: Francisco Javier Romero Fernández (fotografía de Pascual Soria)

Francisco J. Romero Fernández
Hermano de Honor

Nuestro hermano Paco ha vivido intensamente la Cofradía desde su infancia, siempre siguiendo el ejemplo de su padre (tanto en su labor de apostolado como en el ámbito profesional), el hermano fundador Francisco Romero Aguirre, otro de los más estrechos colaboradores de mosén Francisco además de prestigioso médico y toda una eminencia en la especialidad de urología. Hombre de profundas convicciones y de vastos conocimientos litúrgicos y teológicos, desempeñó durante años una formidable labor formativa de nuestros hermanos sin buscar ningún protagonismo. A la junta de gobierno accedió para continuar esta labor y seguir fortaleciendo las relaciones con la Parroquia de San Gil, pasando a ser en 2005 Teniente de Hermano Mayor y, finalmente, Hermano Mayor, cargo que ocuparía durante cuatro años hasta 2010. Su mandato al frente de la Cofradía se caracterizó por una búsqueda continua de lo verdaderamente esencial, revitalizando los cultos internos al crear, entre otras iniciativas, la “Fiesta de la Juventud Cofrade” y el “Vía Crucis del Cristo de la Tercera Palabra”.

Hermano de Honor: Juan F. Abella Villuendas (fotografía de César Catalán)

Juan F. Abella Villuendas
Hermano de Honor

Hijo de hermano fundador, ingresaría en la Cofradía en el año 1968 viviéndola con intensidad ya fuese con su tambor, portando una vela u ocupando diligente y servicialmente cualquier puesto de responsabilidad que le fuera asignado. Compañero inseparable de Ricardo J. López Lera, con él afrontaría diversidad de innovadores proyectos, contribuyendo a la revitalización del “Rosario de Cristal” o produciendo “Plegaria y Redoble”, el primer largometraje sobre la Semana Santa zaragozana. En la década de los ochenta entraría a formar parte de la junta de gobierno como Tesorero, cargo que ocuparía durante veinticuatro años (en dos periodos distintos). Adelantado a su tiempo, fue capaz de informatizar toda la administración de la Cofradía, agilizando todos los procesos de gestión en la tesorería. Poseedor de grandes dotes de expresión, dedicó desde bien joven numerosas poesías a la Cofradía, siendo también parte decisiva en el nacimiento del boletín informativo, del que se encargaría durante muchos años tanto de la maquetación como de la redacción de artículos y editoriales.

Hermano de Honor: Carlos Velilla Roy (fotografía de Jesús Oche)

Carlos Velilla Roy
Hermano de Honor

Perteneciente a la Juventud Masculina de Acción Católica, ingresó en la Cofradía durante sus primeros años de existencia siendo por tanto, hermano fundador, lo que siempre llevó con gran orgullo y mayor responsabilidad. Desde la humildad y rehusando cualquier privilegio, es probable que pasara desapercibido para muchos, entre otras cosas, porqué era lo que él mismo pretendía. Portando durante décadas una de las mazas de honor, con la vela o siguiendo la procesión desde el coche de apoyo, vivió cada Viernes Santo con ilusión, compromiso y no menos sacrificio, no faltando tampoco a ningún acto o evento que celebrase la Cofradía a la que tanto amó. Hermano secretario durante algunos años de la década de los sesenta, el destino quiso que fuese el último superviviente de aquellos discípulos de mosén Francisco que erigieron una obra que aportase a la sociedad un profundo espíritu cristiano de la vida, falleciendo el 21 de diciembre de 2021, tan solo unos meses después de cumplir los cien años y de recibir el sentido y cariñoso homenaje de toda la Cofradía.

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Autoría del artículo: Mariano RABADÁN PINA (1996). Zaragoza: Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista.

Fotografía de cabecera: Fotografía de familia en las gradas del Pabellón Siglo XXI del multitudinario grupo de hermanos y hermanas que, en fraternal unión, colaboraron en la organización de las exaltaciones de instrumentos tradicionales que le correspondió preparar a la Cofradía en el año 2017 (fotografía de Miguel Ángel Riazuelo).

Fotografías secundarias: Hermanos de honor: Archivo de la Cofradía, familia Hué, David Beneded, César Catalán, Jesús Oche, Javier Rodríguez Catalán y Jorge Sesé.