Vía Crucis Parroquial

Recorriendo el camino de la Cruz «saliendo de nosotros mismos al encuentro de los demás» (Francisco I)

El anhelo y la misión que desde su fundación tiene encomendada la Cofradía como comunidad eclesial que es, no es otra que llevar a todos los rincones el mensaje de Cristo, la Palabra del Señor que permanece para siempre, y «esa Palabra, es el Evangelio que os anunciamos» (1P 1, 25). Consecuentemente, la actividad que desempeñamos no queda reducida a un día al año ni a un entorno determinado y, adelantándose a las directrices del papa Francisco, a finales de la década de los años cincuenta del siglo pasado, la Cofradía comenzó a salir de su propia comodidad y se atrevió «a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG, 20). Y es que nuestro capellán perpetuo fundador mosén Francisco, como en tantas y tantas cosas, tenía muy claro que debíamos ser una auténtica «Iglesia en salida»:

«Vamos a por todos, ya que todos fueron redimidos por Cristo y a todos queremos conducir hacia el Cielo. Si los podemos traer a nuestras Obras, las de la Iglesia, tanto mejor; si no vienen, vayamos a influirlos donde se encuentren. Hay que ir al encuentro de todos, hay que influenciar espiritualmente lo influenciable».

Mosén Francisco Izquierdo Molins, Capítulo de Cuaresma de 1957

Desde entonces, y pese al parón de varias décadas sufrido entre 1961 y 1986, la Cofradía se hace presente en las calles de Zaragoza para celebrar públicamente el piadoso ejercicio del Vía Crucis con el que recorremos el camino de la Cruz, saliendo de nosotros mismos, al encuentro de los demás «para buscar el bien de todos» (EG, 39).

I) Llevar el mensaje de Cristo a los lugares más recónditos de la ciudad

Nuestro capellán perpetuo fundador, mosén Francisco Izquierdo Molins, acompañado por dos miembros de la junta de gobierno ataviados con el hábito completo, recorriendo las calles del barrio de La Paz durante uno de los tres “pregones de la Semana Santa” organizados por nuestra Cofradía en la mañana del Domingo de Ramos de 1957 (fotografía del Archivo de la Cofradía).
Nuestro capellán perpetuo fundador, mosén Francisco Izquierdo Molins, acompañado por dos miembros de la junta de gobierno ataviados con el hábito completo, recorriendo las calles del barrio de La Paz durante uno de los tres “pregones de la Semana Santa” organizados por nuestra Cofradía en la mañana del Domingo de Ramos del año 1957.

La idea de que la Cofradía ampliase su misión de llevar el mensaje de Cristo a todos los rincones de la ciudad, se convirtió en un aspecto fundamental para mosén Francisco. Como ya se comentaba en el apartado dedicado a la “Historia del Pregón de la Semana Santa”, nuestros hermanos fundadores habían pensado en Capítulo General de fecha 1 de enero de 1944 «que unos días antes de Viernes Santo se hiciera un pregón por las calles de Zaragoza para anuncio de nuestra Procesión», elaborándose una proyecto que sería pertinentemente aprobado en el siguiente capítulo de Cuaresma de 1944. Sin embargo, y pese a contar con la aprobación inicial de la Hermandad de la Sangre de Cristo, el proyecto no llegaría a ver la luz hasta que la Junta Coordinadora de las Cofradías Filiales de la Hermandad de la Sangre de Cristo retomara la idea y proyectase finalmente un acto de similares características.

En cualquier caso, y pese a que la idea del Pregón quedara paralizara, gracias al considerable aumento de hermanos que glosaban las filas de la Cofradía, mosén Francisco seguía dándole vueltas a la posibilidad de que la Cofradía ampliase «la órbita de su apostolado», pensando en organizar «una segunda procesión, que a la misma hora, recorriera los suburbios zaragozanos», es decir, por los emergentes barrios situados en las periferias y extrarradios de Zaragoza.

La evangelización de estas barriadas de origen muy humilde (como Oliver, Valdefierro, Cuber, Colón, La Paz, Venecia, La Bozada, Arrabal, Picarral, Cascajo o la Venta del Olivar, entre otros) fue una de las principales labores pastorales que afrontaría el arzobispo Casimiro Morcillo González, una de las figuras más relevantes de la Iglesia española del momento, como lo demuestra su activa participación en el Concilio Vaticano II (formando parte del “Coetus Internationalis Patrum” conformado por más de doscientos obispos) o sus posteriores nombramientos como primer arzobispo de Madrid o en la presidencia de la Conferencia Episcopal. Al poco tiempo de tomar posesión de la sede cesaraugustana y tras visitar pastoralmente algunos de estos lugares, monseñor Morcillo promovería con urgencia la creación de un proyecto con el que proporcionar a los casi 70.000 habitantes de los mismos «los servicios espirituales y materiales que necesitan, si no queremos que se nos caiga la cara de vergüenza», construyendo no solo capillas sino «grupos parroquiales, de parroquias vivas, con su Iglesia de barro, viviendas para sacerdotes, escuela, comedores, guardería infantil».

Para garantizar la viabilidad de un propósito tan completo, se requería una alta capacidad de gestión y dirección, además de una de una fuerte inversión económica y un sinfín de recursos humanos. De este modo, constituyó la primera comisión para la ejecución de las primeras obras, designando a mosén Francisco no solo «como enlace y representante del Sr. Arzobispo» sino como verdadero «iniciador y jefe nato de la campaña para la redención de los suburbios», encargándose de la coordinación de unos trabajos de construcción que serían diseñados por el prestigioso arquitecto José Romero Aguirre (precisamente hermano de nuestro fundador Francisco) y llevados a cabo por cientos de seminaristas procedentes de toda la diócesis y por numerosos miembros de las principales asociaciones del apostolado seglar zaragozano, especialmente, de la Hermandad de “Hombres de Carrera” fundada en el seno del Centro de Propagandistas, del Consejo Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica y del movimiento “Hogar Cristiano”.

A su vez, y como había hecho con tanto éxito en otras empresas, nuestro Capellán Perpetuo Fundador se rodearía del habitual grupo de colaboradores de confianza entre los que, por supuesto, se encontrarían varios de los hermanos de la Cofradía. De hecho, algunos de ellos (Emilio Lasala, Francisco Romero y José Luis Diez, contando también con la inestimable y fundamental colaboración de Jesús Viejo y el propio mosén Francisco) ya habían contribuido de forma decisiva al levantamiento del nuevo barrio de La Paz, puesto que en 1952 cederían los terrenos que eran de su propiedad y que se iban a dedicar originariamente para las instalaciones del Stadium Casablanca, dividiéndolos en casi un centenar de parcelas que pusieron a disposición de personas con escasísimos recursos económicos que, hasta entonces vivían en lo que eran conocidas como las “graveras de Torrero”.

Este fuerte compromiso del núcleo fuerte de nuestra Cofradía haría que en fechas tempranas, incluso con anterioridad a la publicación de la carta pastoral “Con Cristo a los suburbios de Zaragoza” que anunciaba al pueblo zaragozano el inicio del proyecto, la Cofradía tuviera en mente la colaboración con esta “operación adobe” (nombre por el que también fue conocida debido al material con el que generalmente se construían los edificios). Así, mientras que la citada pastoral vio la luz el 27 de mayo de 1956, unos días antes en el Capítulo de san Juan, que por entonces se celebraba el primer domingo de mayo, el propio mosén Francisco exhortaría a todos los hermanos a «inscribirse en esta Obra, aportando trabajo personal o ante la imposibilidad, con ayuda económica».

Se llegaba así a la celebración del siguiente capítulo celebrado durante la Cuaresma de 1957, en el que ya la junta de gobierno exponía formalmente la intención de organizar una procesión por alguno de estos barrios en la Semana Santa de ese mismo año, proponiendo dos opciones: «salir de un suburbio a la hora conveniente para llegar con la predicación de las Palabras a las tres a San Cayetano, o celebrar algún acto en los suburbios que se determine, en cualquier día de la Semana Santa». Como no podía ser de otro modo, los planteamientos de la junta encontraron todo tipo de respuestas, tal y como refleja el acta de la reunión capitular de dicho día: «un hermano, hace ver la existencia del suburbio interior en las calles de la ciudad y que es ahí precisamente adonde debe dirigirse nuestra atención, no creyendo por tanto oportuno el desdoblamiento de la Cofradía…; otros creen que debe irse a los suburbios pero destacando treinta o cuarenta hermanos y predicar allí, acomodando las horas a las costumbres existentes…; algún hermano no se considera partidario de la división de la Cofradía y cree conveniente la celebración de un acto en los suburbios el Jueves Santo o Domingo de Ramos…; otros atender a varios suburbios, que sea cualquier día pero sin carácter obligatorio, que no se lleve el paso por el mal estado de las calles; otros celebrar un Vía Crucis; los más proponen un voto de confianza para la junta y que ésta estudie y resuelva para ir este mismo año a ellos…».

La intervención final de mosén Francisco, una vez más fue decisiva, procediéndose sin más reparo a organizar, ni más ni menos, tres procesiones distintas durante la mañana del Domingo de Ramos, 14 de abril, integrándose en cada una veintena hermanos de tambor y otros tantos de vela. Y así lo anunciaba “El Noticiero” el día anterior:

«La Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista llevará el Pregón de la Semana Santa zaragozana hasta los Suburbios. El acto se verificará simultáneamente mañana, domingo, a las doce, en los suburbios de San Antonio-Paz, Venecia y Oliver. En cada uno de estos tres barrios intervendrá en la vía pública un Hermano y seguirá una plática a cargo de un reverendo sacerdote, habiéndose distribuido en tres grupos los hermanos de la Cofradía para que cada uno de ellos concurra al Pregón en un solo barrio.

De este modo la Cofradía de las Siete Palabras se apresta a colaborar en la campaña pro-suburbios desarrollada por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo, llevando también hasta ellos el anuncio y el clamor de la Semana Santa zaragozana, a fin de que los humildes habitantes de estas barriadas se asocien a la anual conmemoración de los sagrados misterios que en estos días se conmemoran».

El Noticiero, 13 de abril de 1957

Al año siguiente, se reorganizaría el acto orientándose hacia la celebración de un Vía Crucis que se celebraría en la tarde-noche del Viernes de Dolores en los barrios de San Antonio y de San Eugenio, lugares a los que se retornaría en 1959 (solamente al de San Antonio) y en 1960 (solo en el de San Eugenio) si bien ya contando con escasa asistencia, por lo que en el Capítulo General de Hermanos celebrado el 19 de febrero de 1961, y con objeto «de no dejar en mal lugar a la Cofradía», el hermano mayor Domingo Sánchez sometió a votación la decisión de suprimir el acto, resolviéndose de este modo puesto que «solamente dos hermanos indican que se debe continuar».

II) Reorganizando el Vía Crucis público durante el Domingo de Ramos veinticinco años después

Cuatro hermanos convertidos en los primeros peaneros que ha tenido la Cofradía al portar sobre sus hombros y en una sencillas andas la imagen del “Cristo de la Paz” durante el Vía Crucis que celebramos en la tarde-noche del Domingo de Ramos del año 1986 por el entorno de la Parroquia de Santa María de los Ángeles, en la urbanización “Torres de San Lamberto”.
Cuatro hermanos convertidos en los primeros peaneros que ha tenido la Cofradía al portar sobre sus hombros y en una sencillas andas la imagen del “Cristo de la Paz” durante el Vía Crucis que celebramos en la tarde-noche del Domingo de Ramos del año 1986 por el entorno de la Parroquia de Santa María de los Ángeles, en la urbanización “Torres de San Lamberto”.

A finales del año 1985, un sacerdote asignado por el arzobispado de Zaragoza para llevar la vida pastoral de la emergente parroquia de “Santa María de los Ángeles”, se puso en contacto con nuestra Cofradía para solicitar un favor que, en su opinión, podía resultar definitivo a la hora de impulsar y hacer brotar el sentimiento de pertenencia de los vecinos de la urbanización “Torres de San Lamberto” con la parroquia: el celebrar una procesión por sus calles para rezar públicamente el Vía Crucis.

Dicha urbanización fue construida a finales de la década de 1950 sobre antiguas acequias en la carretera de Logroño junto al barrio de Miralbueno, habiendo sido los arquitectos Luis Laorga Gutiérrez y José López Zanón (bajo la supervisión técnica del prestigioso arquitecto californiano Ernet Joseph Kump), quienes dirigieron los trabajos de edificación de unos bloques de viviendas, muchas de las cuales de carácter unifamiliar de una planta o dúplex, reservadas para los oficiales de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) destinados a la “Base Aérea Americana” (cf. Moclús Fraga et al, 2013). Tiempo después, ya en la década de los años setenta, esta zona residencial se diversificaría en cuanto a sus habitantes, ampliando también sus límites, por lo que los nuevos vecinos promoverían la construcción de un templo parroquial. De este modo nacería la parroquia de “Santa María de los Ángeles”, inicialmente sin apenas recursos físicos ni humanos, e instalándola en un modesto local, quedando bajo el amparo y calor de la vecina parroquia de San Lamberto. Finalmente, a partir de 1982, se adquiriría un solar para construir el nuevo complejo parroquial que, sin embargo, no acabaría de ver la luz hasta el año 1987.  

El sacerdote en cuestión no era para la Cofradía uno más. Se trataba de Jesús Imaz Orgilés, quien a la postre sería uno más de nuestros hermanos al pasar a formar parte de las filas de Cofradía portando su vela y con quien ya se mantenía una estrecha relación, habiendo predicado en varias ocasiones alguna de las Palabras en la mañana del Viernes Santo, además de haber sido colaborador de mosén Francisco, consiliario de la rama de Hombres de la Acción Católica y consiliario diocesano de la Asociación Católica de Propagandistas.

La junta de gobierno recogió la petición y, gracias al entusiasmo del hermano mayor, Pedro Hernández, y del siempre emprendedor Ricardo J. López Lera, en el en el capítulo de San Juan celebrado el 27 de diciembre de 1985 expondría la propuesta de celebrar un Vía Crucis por las calles de esa Parroquia en el anochecer del próximo Domingo de Ramos. En cualquier caso, y pese a cierta controversia surgida, considerando además que en ese día parte de la sección de instrumentos tenía ya concertadas sendas participaciones en los concursos de tambores y bombos de Híjar y La Puebla de Hijar, finalmente se convocaría a todos los hermanos que libre y voluntariamente quisieran participar en este novedoso acto, incentivándoles a través del programa de actos de la Semana Santa de 1986:

«Este año tenemos un nuevo acto, después de 29 años: El Vía Crucis en la Parroquia de Santa María de los Ángeles. El actual momento psicológico de la juventud, es una invitación estimulante para acercarnos a ellos. Si no acudimos ahora, podremos llegar tarde, cuando la juventud esté materializada y podrida, postrada en la cuneta de errores y vicios. Hoy estamos a tiempo, tenemos que ser capaces de ejercer fuerte influjo sobre los demás, de dominar el ambiente y fermentar el amor que Cristo nos enseñó».

Pedro J. Hernández Navascués, Programa de Actos de la Semana Santa de 1986

Dada la distancia de la urbanización del centro de Zaragoza, y para facilitar el desplazamiento del mayor número posible de hermanos que no poseyeran vehículo propio, la junta puso a disposición de hermanos y familiares varios autobuses que partieron desde la plaza de la Seo a las siete y media de la tarde.

Con una participación de 205 hermanos ataviados con hábito completo, junto a la presencia del guion titular, sección de instrumentos y velas, a las ocho y media de la tarde del Domingo de Ramos, 23 de marzo de 1986, daba comienzo una procesión que fue seguida multitudinariamente tanto por los vecinos de la propia urbanización como por los del próximo barrio de Miralbueno e, incluso, del barrio Oliver. Precisamente, la colaboración y generosidad de la parroquia de la Coronación de la Virgen de este último enclave y de la Cofradía de Nuestra Señora de la Asunción y Llegada de Jesús al Calvario resultarían fundamentales para que una imagen de Cristo presidiera el acto. Y es que, descartada la idea de acudir con nuestro paso titular, se requería incorporar una imagen de Cristo crucificado, siéndonos cedida para tan extraordinaria ocasión la antigua imagen del “Cristo de la Paz” que sería portada en andas en relevos de cuatro de nuestros hermanos.

Esta imagen, de autor desconocido y que representa a Cristo crucificado ya muerto, con la cabeza descansando sobre su pecho y con los ojos cerrados, presenta una advocación que refiere no solamente al sosiego que el Señor encontraría tras la muerte después de padecer tantos tormentos, sino a Aquel que nos dejó y dio su paz (cf. Jn 14, 26-27), a Aquel que en la cruz se manifestó «por encima de toda razón, al renunciar en su obediencia filial a todo uso de la violencia y padeciendo hasta que fue rescatado del sufrimiento por el Padre, y que ahora construye continuamente su reino solamente mediante la palabra de la paz» (Elliger, 1964). Una talla que se encontraba expuesta al culto desde la inauguración en 1939 de la antigua capilla de “Nuestra Señora de la Asunción”, ubicada en el citado barrio cuyo nombre rinde homenaje a mosén Manuel Oliver Altaván, y que era portada desde el año 1961 en una peana a hombros por la citada Cofradía de Nuestra Señora de la Asunción y Llegada de Jesús al Calvario durante su Vía Crucis parroquial que llevaba a cabo en la noche del Jueves Santo, previamente a bajar el paso de “La Copa” a la Iglesia de San Cayetano.

Muy venerada por todos los feligreses del barrio, al construirse el nuevo complejo parroquial de la Coronación de la Virgen, pasaría a ocupar un lugar de privilegio en una de sus capillas. Tras dejar de ser procesionada por la citada Cofradía en 1977 a causa de la escasez de portadores (llegando incluso, en los años anteriores, a la determinación de que fuese portada a hombros de vecinos del barrio), sería recuperada en 1995 para el Vía Crucis de La Llegada que ya se celebraba en la noche del Miércoles Santo solamente por el barrio, aunque desde el año 2000 participaría también en la procesión del Jueves Santo hasta la Iglesia de San Cayetano. Finalmente, y tras ser restaurada, la imagen fue definitivamente sustituida para las salidas procesionales por otra realizada por los escultores Francisco Casabona y Ramón Marzal en la Semana Santa de 2003.

III) Traslado a la Parroquia de Nuestra Señora de la Almudena y a la noche del Lunes Santo

Momento en el que en la calle Santander se producía el final del rezo del Vía Crucis por el entorno de la Parroquia de Nuestra Señora de la Almudena, despidiéndonos de la feligresía y emprendiendo entonces el camino hasta la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, donde finalmente concluía la procesión en las primeras horas del Martes Santo.
Momento en el que en la calle Santander se producía el final del rezo del Vía Crucis por el entorno de la Parroquia de Nuestra Señora de la Almudena, despidiéndonos de la feligresía y emprendiendo entonces el camino hasta la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, donde finalmente concluía la procesión en las primeras horas del Martes Santo.

Tras los ecos de la celebración del Vía Crucis por las “Torres de San Lamberto”, unidos también a la grata experiencia por la organización de otro Vía Crucis, éste de carácter más íntimo, que la Cofradía también celebraría al mismo día siguiente (en la tarde del Lunes Santo de ese año 1986) en la Universidad Laboral de Zaragoza “Virgen del Pilar”, pronto otras parroquias de la ciudad se dirigirían a la Cofradía solicitando nuestra presencia por distintos barrios.

De este modo, y en el Capítulo de San Juan celebrado el 28 de diciembre de 1986, se pondría en conocimiento de los hermanos la solicitud cursada por la parroquia de Nuestra Señora de la Almudena erigida en 1964 en el barrio de Delicias, perteneciendo por tanto al arciprestazgo de San Valero de la Vicaria III, y regentada por la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús.

Ubicada originalmente en unos locales de la calle Escosura, hasta su traslado definitivo en el año 2007 al moderno complejo parroquial del número 72 de la calle Escoriaza y Fabro construido por el arquitecto Joaquín Sicilia, en esta ocasión el debate sobre la aceptación o no de la invitación fue más largo y enmarañado, extendiéndose hasta el siguiente Capítulo de Cuaresma. El problema que veían algunos hermanos no era tanto sobre la idoneidad o no de acudir en cumplimiento de la misión fundacional de la Cofradía, sino sobre las condiciones en las que se debía desarrollar la procesión, pensando en los actos que la sección de instrumentos tenía ya comprometidos para el Domingo de Ramos así como las dificultades en encontrar una imagen acorde para presidir el Vía Crucis, puesto que la parroquia ya había señalado que no poseía un Crucificado para poder ser portado en andas ni sobre ningún otro tipo de paso.

Resuelta la fecha de celebración, trasladándose a la noche del Lunes Santo, la polémica se centraría en la imagen, reflejando el libro de actas el debate sobre «si debe o no ir el paso titular en el Vía Crucis», diciendo algunos hermanos que dicho paso «debía salir solamente el Viernes Santo» y que se podían «llevar muchas cosas sin que sea necesario el paso», a lo que otra parte de los hermanos rebatían señalando que sí debía de ir «pues se daría más testimonio en los barrios». Una postura esta última que fue la que adoptó la junta de gobierno, interviniendo el propio capellán José Manuel Arenal para zanjar el asunto sentenciando que «el que vaya o no el paso al Vía Crucis no es importante en absoluto… que el verdadero espíritu se demuestra con el ejemplo de esos cuatro hermanos entre mil, que se juegan la vida montándolo por no encontrar más número».

De esta forma se llegó al 13 de abril de 1987 cuando, tras celebrar una eucaristía en el interior de la parroquia y después de que el paso titular llegará a las inmediaciones de la calles Escosura transportando en un camión-grúa, se iniciaría un esperadísimo Vía Crucis por las calles del entorno parroquial (la propia Escosura, Burgos, Toledo, Salamanca, Tarragona, Plaza de Roma y Santander). Además, y excepto en el último año celebrado en 1997 donde el Vía Crucis concluyó en la propia parroquia, una vez terminado el rezo del piadoso ejercicio, la Cofradía se despedía de los feligreses de “La Almudena” y proseguía su largo caminar hasta la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal con el fin de depositar el paso en su interior para que quedase dispuesto para los turnos de guardia de honor del Jueves Santo. Para ello, se bajaba por el paseo de Teruel (aunque en alguna ocasión se optó por variar el itinerario por la avenida Goya y la calle Carmen) para, alcanzada la calle Hernán Cortés, proseguir bien por la puerta del Carmen hacia la avenida César Augusto o bien, hacerlo por el paseo de Pamplona para salir a la plaza Salamero yendo por las calles Bilbao, Marceliano Isábal y Azoque.

En cualquier caso, un recorrido largo y desangelado (pese a que no eran pocos los familiares, amigos, feligreses de la propia parroquia y otros hermanos que por cuestiones laborales no podían asistir ataviados con el hábito) que se prologaba hasta pasada la una de la madrugada, pero que cada vez fue a más, tanto en número de hermanos como en la repercusión que tomaría el acto en la vida pastoral de la Parroquia. Y así lo transmitía el que fuera su párroco Francisco Ruíz Martínez, O.D., en nuestro folleto de la Semana Santa de 1994:

«Empezamos a preparar con toda ilusión el Vía Crucis de la Parroquia, Lunes Santo a las ocho de la tarde. Lo dijimos muchas veces en la Iglesia, lo pusimos en carteles por todo el barrio, y sobre todo lo transmitimos de boca en boca. Estábamos expectantes, pues era algo tan nuevo en nuestra Parroquia.

Luego el esperado día, ¡qué emoción!, muchas lágrimas en los ojos al contemplar embelesados el precioso paso de la Cofradía, delante de nuestra Iglesia, iluminado y tan hermosamente engalanado. Comenzó el Viacrucis. Nuestro primer Viacrucis. Esa especie de llanto desgarrado de los bombos y tambores por Jesús que recorre el camino del Calvario. Cientos de personas tras el paso de Cristo, estación tras estación. Oración en silencio y profunda. Miles de personas en las calles al paso de la procesión. Qué predicación pública por las calles de nuestra parroquia. Testimonio de fe hecho música, hecho imagen en el paso santo, en los piadosos hermanos cofrades.

A mí me parecía que no era posible, yo pobre cura de una parroquia casi sin importancia viviendo todo aquel misterio de fe sencilla, profunda a la vez que solemne y a cara descubierta. No sabía cómo dar las gracias a la Cofradía, y aún sigo sin saber cómo, porque las palabras no son suficientes. Y lo más importante, cada año ha ido creciendo la participación. Más y más personas de todos los lugares de la ciudad. Y más y más feligreses haciendo el Vía Crucis».

Francisco Ruiz Martínez O.D., párroco de Nuestra Señora de la Almudena

Con el rumbo de los años, la Cofradía fue presentando algunas novedades en la procesión. Así, tras el estreno del paso de “La Quinta Palabra”, se alternó la presencia de éste con nuestro paso titular para presidir el Vía Crucis. Destacable también fue el acompañamiento que los Alabarderos de Hijar nos prestaron en el año del Cincuentenario fundacional en 1989, así como la especialísima presencia en 1993 de la banda de música de nuestra hermana Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz de León, en una ocasión en la que por vez primera y única hasta la fecha se cambió el día de salida al Martes Santo para, precisamente, facilitar el viaje a nuestros hermanos leoneses.

IV) Una procesión para rezar públicamente el Vía Crucis por el entorno de la Parroquia de San Gil

Admitida definitivamente nuestra Cofradía en la comunidad de la histórica Parroquia de San Gil Abad, gracias a las gestiones de su párroco Mario Gallego Bercero, y trasladados allí todos nuestros cultos y acciones pastorales, únicamente faltaba por afrontar el cambio de lugar de salida del “Vía Crucis” público que celebrábamos en la noche del Lunes Santo.

Tras varios años recorriendo las calles de “La Almudena”, y después de una experiencia inédita el 6 de abril de 1998 con salida desde la Iglesia de San Cayetano debido a las obras de restauración de la portada principal de la calle Don Jaime I, al fin en la noche del 29 de marzo de 1999 podría llevarse a cabo el anhelado inicio de la citada procesión desde la que era ya nuestra sede parroquial, retornando así las procesiones a uno de los más emblemáticos templos de la ciudad de Zaragoza.

Y es que desde hace prácticamente un milenio, esta Parroquia es uno de los principales ejes de la Iglesia zaragozana y de la vida religiosa de la ciudad, como denotan referencias tales como la organización de la procesión principal del Corpus Christi durante las disputas y litigios que enfrentaría durante años a los cabildos de la Seo y el Pilar; o la participación del Capítulo de San Gil en los actos de la Hermandad de la Sangre de Cristo, refrendado con el derecho a asistir a la “Procesión del Santo Entierro” otorgado en fecha 8 de abril de 1645 ante el notario José Manuel Berástegui. De hecho, la relación con la Hermandad de la Sangre de Cristo llegaría a ser tan estrecha y cordial que incluso durante los Sitios, la Hermandad celebraría su Fiesta Titular el 3 de mayo de 1809 en la Parroquia haciendo «cantar una Misa solemne en la Iglesia de San Gil, habiendo llevado una imagen de Nuestro Señor en lugar de la fiesta que celebraban en la capilla de San Francisco». Una relación que fue poco a poco deteriorándose a causa del apoyo que la Parroquia y su Capítulo mostraría hacía la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís quien, durante los siglos XVIII y XIX, convertía las calles del entorno parroquial en el lugar de celebración del Vía Crucis que organizaba en la noche del Martes Santo.

Dicha institución, partía desde su sede en la iglesia del Convento de San Francisco sito en el Coso portando una imagen de Jesús con la Cruz a Cuestas junto a estandartes representativos de las diferentes estaciones y, llegando a la cuarta estación se celebraba un acto de encuentro con las imágenes de la Virgen María, san Juan Evangelista y santa María Magdalena que se incorporaban al cortejo desde la iglesia parroquial de San Pedro. De los pormenores de esta procesión, que muy probablemente se llevó a cabo hasta principios del siglo XX, se conserva una minuciosa descripción escrita en 1787 por Faustino Casamayor, si bien, curiosamente, ese preciso año no se pudo llevar a cabo por las calles al haber llovido, haciéndose por el claustro del convento:

«En este Santo Vía Crucis que se reza por las calles llevando doce estandartes de las doce estaciones portados por los hermanos con sus túnicas. Asiste la comunidad de San Francisco acompañando una imagen de Nuestro Redentor con la cruz a cuestas con vestido morado bordado en oro y un estandarte de la misma tela de un devoto crucifijo, que lo llevan los sacerdotes de la Venerable Orden. Al llegar a la iglesia parroquial de San Pedro, que sería la cuarta estación, se hace una plática por uno de los religiosos y al concluir el encuentro con la Virgen, que sale de dicha iglesia acompañada de todas las señoras de título, alumbrándole sus pajes con hachas, y se incorporan a la procesión con las imágenes de San Juan y la Magdalena, a la que siguen las mujeres dándose fin a este devoto acto en su iglesia con la plática del Padre Presidente de los Terceros».

Faustino Casamayor y Zeballos, 3 de abril de 1787

Casi medio siglo después, y convertida durante la Semana Santa en mero lugar de tránsito gracias a su privilegiado enclave en pleno casco histórico, la Parroquia acogería desde 1946 a la Cofradía de Jesús Camino del Calvario, quien celebraría allí tanto su fiesta principal, como otras actividades litúrgicas y pastorales (por ejemplo, la organización de unas conferencias cuaresmales) y, especialmente, la salida de su procesión titular en la noche del Miércoles Santo. Tras celebrar un Vía Crucis en el interior de la que era su sede canónica, la citada Cofradía iniciaba su procesión previa al acto del «Encuentro» que desarrollaba desde 1941 con la Hermandad de San Joaquín y de la Virgen de los Dolores para lo cual, inicialmente, portaban el paso de “La Caída”.

Precisamente la salida de este voluminoso paso por el dintel de la puerta de San Gil provocaría no pocos quebraderos de cabeza en el seno de la cofradía blanca y granate, llegando incluso a instalarse un sistema de railes con ruedas metálicas que facilitara la complejísima labor. Años después, en 1958, y tras la reforma acometida retirando las figuras secundarias y dejando solamente la figura cristífera tallada por Tomás Llovet, también incorporarían a la procesión titular el paso de “Jesús con la Cruz a Cuestas” que, hasta entonces, solamente era portado en la procesión del Santo Entierro, topándose nuevamente con dificultades para su salida desde el interior, por lo que en silencio y con las luces apagadas, era traslado momentos antes del inicio del acto desde la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal.

Estos problemas añadidos a que la parroquia estaba «rodeada de mucha circulación», por lo que era «difícil organizar actos penitenciales en este sector», conjuntamente con ciertas discrepancias surgidas a lo largo de los años con el consiliario y párroco de San Gil mosén Camilo Pitarch, así como el nombramiento como párroco de Santa Engracia del hasta entonces viceconsiliario Mariano Mainar Elpuente (posteriormente, consiliario, hermano honorario y auténtico alma mater de la espiritualidad de dicha Cofradía), desencadenaron que su junta de gobierno encabezada por el hermano mayor Rafael María Sanz Martín solicitara el cambio de sede a la histórica iglesia parroquial, lo que fue pertinentemente aprobado por el arzobispo Pedro Cantero Cuadrado con fecha 3 de octubre de 1969.

Dos décadas tendrían que pasar nuevamente, concretamente el 12 de abril de 1990, para que la Parroquia volvería a dar cabida a una procesión penitencial, puesto que junto a la “Asociación de Empresarios del Sector de El Tubo”, colaboraría en un acto organizado por la Real Cofradía del Santísimo Rosario de Nuestra Señora del Pilar. Con salida desde la Parroquia de San Felipe y Santiago el Menor, a la una de la mañana del Jueves Santo del citado año, la extinta institución recorrería las calles de El Tubo (y por tanto, algunas de las calles más emblemáticas del entorno parroquial de San Gil como Mártires, Cinegio, Estébanes, Libertad, Cuatro de Agosto o la propia calle Don Jaime I) portando en andas una imagen de Cristo crucificado de tamaño académico, autor anónimo y datación del siglo XVIII que, precisamente, por presidir esta salida procesional y recorrer las calles del populoso sector sería bautizada con el nombre de “Cristo de los Mártires”. Una imagen, propiedad de la propia Parroquia de San Gil y que permanece actualmente en los salones parroquiales (como bien puede dar fe de ello nuestra Cofradía al ser parte de las dependencias que utilizamos como sede social), que seguiría utilizando hasta el año 2004 la Cofradía Jesús de la Humillación en la procesión que en la noche del Miércoles Santo daría continuación a la idea original de su predecesora.

Como se señalaba anteriormente, la primera celebración del Vía Crucis público en la noche del Lunes Santo por el entorno de San Gil tendría un lugar de salida diferente al previsto, puesto que las obras de la portada principal del templo parroquial impediría que el cortejo procesional pudiera salir desde el interior, por lo que se decidiría que, aunque las principales calles a recorrer fueran las circunscritas a la parroquia, se efectuase el inicio desde nuestra sede canónica, la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal. Ese año 1998, la Cofradía llevaría a cabo un recorrido muy similar al de algunos Viernes Santo por la mañana, si bien después de alcanzar la plaza de España e Independencia, se fue por San Miguel para bajar nuevamente por Amar y Borbón hasta las calles Eusebio Blasco, Verónica, Pedro J. Soler y San Jorge, llegando a las inmediaciones de la Parroquia de San Gil donde se hizo una “estación de penitencia”, regresando nuevamente a la Iglesia de San Cayetano, donde concluiría la procesión.

Terminadas las citadas obras, por fin pudo hacerse realidad la deseada salida de la procesión desde la Parroquia. De este modo, en la noche del Lunes Santo de 1999, 29 de marzo, y con una presencia de 357 hermanos, se celebraría una eucaristía preliminar oficiada por nuestro capellán Jesús Feliú y por el párroco de San Gil y nuevo capellán también de la Cofradía, Mario Gállego Bercero, iniciándose a su conclusión el rezo público del Vía Crucis. El paso de “La Tercera Palabra” presidiría la procesión aunque, para decepción de los hermanos, éste no podría acceder al interior de la Parroquia, debiendo ser trasladado en silencio y con las luces apagadas (y de forma similar a la anteriormente citada de la Cofradía de Jesús Camino del Calvario) desde nuestra sede canónica hasta la calle Estébanes en donde esperaría el momento de incorporarse a la procesión.

Una contrariedad que sería solventada dos años después con la adquisición en los talleres Fernández Dorrego de Arganda del Rey de una imagen de Cristo crucificado, bendecida bajo el título de “Cristo de las Siete Palabras” que si podría cruzar el umbral de San Gil al ser portado en una peana a hombros y que, incluso, encontraría en los muros de las naves del templo parroquial su lugar de exposición permanente al culto. Con las dimensiones de la peana, no solo se lograría la deseada salida desde el interior de todo el cortejo sino que, además, facilitaría que el Vía Crucis pudiera desarrollarse con mayor propiedad por las calles del entorno parroquial y, que por su estrechez, era imposible que pudieran acceder pasos de tanta envergadura como los que poseíamos hasta entonces. De este modo, se irían descartando las amplias avenidas y las calles más próximas a la parroquia de San Miguel de los Navarros, para adentrarnos en las emblemáticas calles del sector conocido popularmente como El Tubo, modificando el itinerario para recorrer calles como la propia Estébanes, Ossau o Méndez Núñez, ampliándose en años sucesivos por otros enclaves históricos como la plaza Santa Cruz, la calle Pabostría o el Arco del Deán, que supusieron un incremento notable tanto en el recogimiento como en la belleza de nuestro procesionar.

La Cruz Parroquial de San Gil en la primera ocasión que fue portada durante el Vía Crucis público de la noche del Lunes Santo del año 2001 (fotografía de Fernando Pinilla).

Siguiendo a la Cruz parroquial

Como prueba latente de los lazos estrechados con la Parroquia de San Gil, se nos concedió el honor de portar en el cortejo su magnífica cruz procesional. Alzada desde el año 2000 por un hermano de la Cofradía y acompañada por dos mazas de honor, se trata de una magnífica pieza labrada en plata sobredorada por el platero Jerónimo de la Mata en el año 1550, presentando la particularidad de no tener en su anverso la figura de Cristo crucificado (cf. IGMR, 117), sino al Salvador, con nimbo crucífero, en actitud de bendecir con la mano derecha y portando el orbe en la mano izquierda; mientras que en su reverso se presenta la Inmaculada Concepción, coronada de rayos solares y con la luna bajo sus pies. Profusamente decorada con motivos repujados, crochet y cabezas de querubines, los brazos incluyen unos medallones ornamentados con grutescos, que albergan figuras de apóstoles y del Tetramorfos.

Vía Crucis Público: Acompañados en nuestra misión (fotografía de los Alabarderos de Hijar).

Fielmente acompañados

Como sucediera en nuestras procesiones por “La Almudena”, algunos años también hemos tenido el honor de ser acompañados por una representación corporativa de otras cofradías y hermandades. Así, varios años desde 2003, la Cofradía del Santo Cristo de Cadrete, nos “devolvía” la visita que nuestra Cofradía le hacía desde años antes en la tarde del Sábado Santo para el sellado del Sepulcro. Por otra parte, también nos han acompañado en la presidencia una nutrida representación de la Cofradía de las Siete Palabras y el Silencio de Logroño. Y en el año del 75º aniversario fundacional, como ya ocurriera veinticinco años antes, contamos con los Alabarderos de Hijar quienes asistieron con su grupo completo de lictores, signifer, decuriones, lanceros y banda de cornetas y tambores.

Vía Crucis Público: la "estación conjunta" con los Nazarenos (fotografía de Jorge Sesé).

La «Estación Conjunta»

En el año 2008 se incorporó en nuestra procesión un acto particularmente emotivo llevado a cabo conjuntamente con la Real, Muy Ilustre, Antiquísima y Trinitaria Cofradía de la Esclavitud de Jesús Nazareno y Conversión de Santa María Magdalena, con la que nos unían muchos lazos fraternos desde nuestra fundación, además de “compartir” en esas fechas consiliario, puesto que nuestro hermano Fernando Arregui había sido nombrado párroco de San Miguel de los Navarros y consiliario de la antiquísima Cofradía. De este modo y hasta 2011, a partir de las once de la noche confluirían en el paseo de la Independencia las dos procesiones para rezar en fraternal unión la décima estación, rindiéndose honores mutuos y con las secciones instrumentales tocando al unísono la marcha “Zaragoza”, creándose exprofeso otra bajo el título “Décima Estación”.

V) El honor de pronunciar la primera estación ante cientos de hermanos sobrecogidos

En el transcurso del Vía Crucis, todas las estaciones son leídas por hermanos de la Cofradía, siendo tradición que la primera de ellas sea pronunciada desde el mismo ambón de la Iglesia Parroquial de San Gil Abad, con todos los hermanos dispuestos para iniciar la salida procesional. Dicha estación es asignada a un hermano propuesto por la junta de gobierno, siendo un modo de rendirle un pequeño homenaje por su cariño, trabajo y dedicación puesta al servicio de la Cofradía.

A continuación, presentamos a los hermanos y hermanas designados por la junta de gobierno para tal honor:

Primera Estación del Vía Crucis Público 2008: Juan Francisco Abella Villuendas

Juan Francisco
Abella Villuendas

2008

Primera Estación del Vía Crucis Público 2009: Ángel López Ezpeleta

Ángel
López Ezpeleta

2009

Primera Estación del Vía Crucis Público 2010: Luis Francisco Peña Boned

Luis Francisco
Peña Boned

2010

Primera Estación del Vía Crucis Público 2011: Fernando Guallar Alcolea

Fernando
Guallar Alcolea

2011

Primera Estación del Vía Crucis Público 2012: Luis De Paz Lasheras

Luis
De Paz Lasheras

2012

Primera Estación del Vía Crucis Público 2013: María Pilar Lite Olmos

María Pilar
Lite Olmos

2013

Primera Estación del Vía Crucis Público 2014: Patricio Borobio Navarro

Patricio
Borobio Navarro

2014

Primera Estación del Vía Crucis Público 2015: José Luis Sánchez Serrablo

José Luis
Sánchez Serrablo

2015

Primera Estación del Vía Crucis Público 2016: Carlos Velilla Roy

Carlos
Velilla Roy

2016

Primera Estación del Vía Crucis Público 2017: Luis Navarro Agustín

Luis
Navarro Agustín

2017

Primera Estación del Vía Crucis Público 2018: Víctor Ramón Ayllón Escartín

Víctor Ramón
Ayllón Escartín

2018

Primera Estación del Vía Crucis Público 2019: José Antonio Lite Sáenz de Quintanilla

José Antonio Lite
Sáez de Quintanilla

2019

Primera Estación del Vía Crucis Público 2020: José Luis Rivera Turón

José Luis
Rivera Turón

2020

Primera Estación del Vía Crucis Público 2022: Luis Caballero Martínez

Luis
Caballero Martínez

2022

Reseñar que de esta distinguida nómina de hermanos, el designado para el año 2020, José Luis Rivera Turón no pudo llevar a cabo la lectura debido a la suspensión de todos los actos de dicha Semana Santa a causa de la pandemia de COVID-19 y, lamentablemente, ya no lo podría realizar en la siguiente ocasión ya que fallecería.

VI) Momentos esenciales de nuestra procesión del Lunes Santo

Referencias Bibliográficas

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  • ELLIGER, K. (1964). Das Buch der zwótf Kleinen Propheten
  • HERNÁNDEZ NAVASCUÉS, P.J. (1986). ¿Sí o no?. En Siete Palabras. Boletín informativo, nº 9, pág. 1. Zaragoza: Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista
  • JUNTA DE GOBIERNO (2008). Fieles a la Cita. En Siete Palabras. Boletín informativo nº 69, págs. 6-7. Zaragoza: Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista
  • MONCLÚS FRAGA, F.J.; LABARTA AIZPÚN, C.; y DE LA CAL NICOLÁS, P. (2013). Paisajes urbanos residenciales en la Zaragoza contemporánea, Monclús Fraga, F. J. (coord.), págs. 88-90. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza
  • RABADÁN PINA, M. (1996). Cincuenta Años de Tambor en la Ciudad de Zaragoza. Zaragoza: Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista y Diputación Provincial de Zaragoza
  • RUIZ MARTÍNEZ, P. (1994). Vía Crucis: mucho más que una procesión. En Programa de Actos de Semana Santa, pág. 18. Zaragoza: Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista
  • SESÉ ABADÍAS, J. (2011). Imaginería procesional zaragozana, desaparecida o sin uso actual desde la voladura del Convento de San Francisco a la actualidad. En Tercerol. Cuadernos de investigación nº 14, págs. 185-232. Zaragoza: Asociación para el Estudio de la Semana Santa.

Autoría del artículo: David BENEDED BLÁZQUEZ (aps. I-IV); y Mariano RABADÁN PINA (ap. I; 1996). Zaragoza: Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista.

Fotografía de cabecera: Momento en el que el “Cristo de las Siete Palabras”, también llamado “de la Peana”, ha salido del interior de la Parroquia de San Gil y reposa en la acera de la calle Don Jaime I tras el esfuerzo inicial de los portadores (fotografía de Eduardo Bueso).

Fotografías secundarias: Una procesión para rezar públicamente el Vía Crucis por el entorno de la Parroquia de San Gil: Alabarderos de Híjar, Fernando Pinilla y Jorge Sesé; Momentos esenciales de nuestra procesión del Lunes Santo: Antonio Goya, Comisión de Comunicación de la Junta Coordinadora de Cofradías, Daniel Zamorano, David Beneded, Eduardo Bueso, Jorge Sesé, José Ángel Pérez, Julio Antonio Vicente, Óscar Puigdevall y Sara García.