Es sorprendente descubrir como buscamos signos en nuestra vida que nos reconcilien con nuestra propia existencia y nos ayuden a esponjarnos y a vivir nuestra existencia desde una alegría más auténtica y profunda. Hoy más que nunca necesitamos expresiones visibles que nos regalen una vida esperanzada, tal vez más llena de sentido.
Recientemente pude contemplar el nerviosismo y las ganas con que miles de ciudadanos de todo el mundo, entre cientos y cientos de medios de comunicación social, acudían a las fumatas de humo, en la plaza de San Pedro, esperando la gran noticia para la Iglesia y para el mundo con el anuncio explícito:“Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam”.
La tan sorprendente como inesperada noticia de la muerte del Papa Francisco, después de su salida del Hospital Gemelli, nos había dejado una tristeza y un vacío grande en nuestro corazón, esto hacía que muchos de nosotros nos preguntáramos: ¿Y ahora que va a pasar? ¿Cómo será la figura del nuevo Pontífice?.
De nuevo se reunían los cardenales con este instrumento mediático tan antiguo, pero siempre tan actual, ya que siempre supone una novedad en la vida de la Iglesia y en la historia de la humanidad.
El 8 de mayo León XIV era elegido el Sumo Pontífice; su elección no sólo es una decisión teológica, sino también profundamente simbólica y política, en un contexto donde la Iglesia y la sociedad enfrentan crecientes desafíos éticos, sociales y culturales a nivel global.
La elección del nombre León no era azarosa ya que nos remite a la figura de León XIII, gran impulsor de la Doctrina Social de la Iglesia con su encíclica Rerum Novarum, publicada el 15 de Mayo de 1891. Donde se responsabilizaba la Iglesia para dar respuesta a las nuevas necesidades y situaciones traídas por la revolución industrial, que suponía, en sí misma, grandes cambios sociales, económicos y políticos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Al adoptar este nombre, León XIV, el nuevo Pontífice ha querido anunciar, ya desde el principio, una voluntad firme de anuncio del Evangelio, pero también de diálogo con el mundo contemporáneo, afrontando una realidad que, sin duda alguna, está significando y también va a implicar grandes cambios sociales en la historia, me refiero al gran reto de la inteligencia artificial.
Tal vez los cristianos estemos demasiado acostumbrados a vivir nuestra vida como espectadores en demasiadas realidades, en las que no participamos activamente, pero lo cierto es que la elección del papa León XIV después de escuchar sus palabras y su mensaje nos emplaza a vivir responsablemente nuestra vida cristiana desde la entrega, la confianza y el compromiso personal.
El nuevo Pontífice inicia su misión con una llamada profunda a la comunión, la humildad y el amor en un mundo fragmentado.
Comenzamos una importante etapa en la Iglesia, la cual todos sabemos es frágil, con tantas miserias…, pero sobre todo es grande porque entre todos los cristianos vamos entretejiendo una historia hermosa, llena de vida y abundancia, aportamos experiencia de Dios que renueva, un trabajo, muchas veces callado, una inquietud grande por la falta la paz en el mundo, expresada en nuestra convivencia cotidiana y una felicidad vivida y explicitada en los pequeños detalles.
Es verdad que estamos hambrientos de signos de vida y esperanza, pero la verdad más profunda es que cada uno de nosotros con nuestra propia vida podemos ser signos de esperanza en el mundo.
El Papa en su discurso inicial concluía diciendo: “… el mal no permanecerá”.
Gracias León XIV por esta vida tan llena de confianza y humildad, gracias…, por estas palabras. Nuestros mejores deseos para este momento de la Iglesia y de la historia.
Rvdo. Sr. D. Fernando J. Arregui Moreno
Oficial del Dicasterio para los Obispos
Consiliario de Honor de la Cofradía

