La recopilación en las últimas semanas de más fotografías antiguas junto a la aportación de informaciones que no se correspondían a lo recogido en el algunos de nuestros folletos, nos han llevado a escribir varios artículos sobre un instrumento, que, cuando puntualmente a las doce de la mañana del Viernes Santo suena como “el brillo de un rayo de sol”, provoca que nuestro corazón vibre y nuestro espíritu se estremezca ante el inicio de una nueva procesión titular.
Pedro Luis Ferrer desglosó días atrás en esta misma web la figura de los hermanos que, a lo largo de los años, habían ocupado el cargo de corneta principal de la Cofradía, repasando sus biografías y trayectorias desde Olegario García Zueco hasta el actual Víctor Manuel Camañes, pasando por Francisco Sangorrín, Hilario Palú, José Ignacio Vela y Pascual Jaqués.
Como complemento al mismo, se ha querido revisar la historia del instrumento físico, de esa corneta heráldica que la Cofradía adquiere en el año 1945. Y es que, ante la ausencia de un hermano que tocase este instrumento tras la baja forzada de Olegario García, no habiendo referencia documental de que en el inventario de la Cofradía hubiera una corneta (constando, eso sí, la compra de una gala que sería estrenada en 1944), tras crearse formalmente la ‘Sección de Tambores’ bajo la jefatura del Hermano Teniente Ignacio Mariano Biu Aína, se autorizó la compra para el Viernes Santo de 1945 de cinco tambores, dos timbales (los primeros en la Semana Santa de Zaragoza) y dos “trompetas grandes”, adquiriéndose en el establecimiento musical que regentaba el propio hermano fundador nº 2 por un importe conjunto de 1.380,10 ptas.
Llama poderosamente la atención el adjetivo referido en el ‘Libro de Actas’ al tamaño de las susodichas trompetas, tratándose de una tipología muy concreta que popularmente recibiría el nombre de heráldica: una corneta recta y alargada, con una longitud aproximada de un metro, que desde tiempos remotos era usada en el ejército, perdiendo progresivamente su carácter marcial para transformarse, a partir de la Edad Media, en emblema sonoro del poder y, por tanto, en el instrumento por excelencia utilizado en actos protocolarios y ceremoniales, encabezando procesiones, señalando la llegada de monarcas o anunciando las proclamas a la ciudadanía (como, por ejemplo, harían desde mediados del siglo XVI los clarines y timbales del Ayuntamiento de Zaragoza), quedando adornadas por largos paños en los que se reflejaban las armas de nobles y reyes, es decir, elementos heráldicos.
Tal y como figura en el sello que se encuentra grabado en el pabellón o campana del instrumento que ha conservado la Cofradía -de la otra supuesta “trompeta grande” se desconoce su paradero y siquiera hay evidencias de que saliera alguna vez en nuestras procesiones- fue fabricado por C. G. Conn Ltd., con sede en Elkhart (una pequeña localidad de Indiana, Estados Unidos), siendo una de las empresas más prestigiosas a nivel mundial en la fabricación de instrumentos de viento-metal para bandas y orquestas.

Fundada en 1875 por Charles Gerard Conn (1844-1931), prometedor violinista durante su juventud pero que a causa de las heridas sufridas durante la ‘Guerra de Secesión’ tuvo que cambiar de instrumento convirtiéndose a la postre en un brillante ‘cornetista’, sus conocimientos y experiencias fueron clave para impulsar su incipiente negocio, siendo pionero en el uso de maquinaria moderna para la producción en masa de piezas, teniendo incluso un área específica en la que experimentar y emprender innovaciones mecánicas, ergonómicas y acústicas. Tras la jubilación del coronel Conn en 1915, la compañía fue comprada por Carl Greenleaf ampliando capital y producción, como se puede comprobar en los profusos catálogos publicitarios y hasta en la edición de su propia revista, ‘Musical Truth’. Tras una serie de fusiones con Crowell-Collier MacMillan, y la posterior en el siglo XXI con Selmer Company (conformando la actual Conn-Selmer, Inc.), sus instrumentos siguen siendo referente indiscutible de calidad.
Por las características y aspecto de nuestra heráldica corresponde a un modelo denominado ‘Coach Horn’ que fue fabricado entre los años 1919 y 1930. Curiosamente, C. G. Conn Ltd. diferenciaba dos productos muy similares: la trompeta ‘Triumphal’ o ‘Herald’, más larga y con tres pistones; y el modelo citado que podría traducirse como “cuerno o fanfarria de carroza”, denominándose así porque era esencialmente empleado para emitir señales acústicas desde carruajes y coches de caballos en los que viajaba la aristocracia, usándose también para anunciar la llegada de invitados o el inicio de ceremonias. Fue tal su arraigo en la época victoriana, que en 1879 llegaría a publicarse el manual ‘The coach horn: what to blow and how to blow it’ editado en Londres por Köhler & Son, el cual incluía entre su treintena de páginas algunas partituras con los toques más frecuentes.

El instrumento que posee la Cofradía está afinado en si bemol y construido en latón y níquel-plata, poseyendo su tubo o caña una longitud aproximada de 86,5 centímetros. Entre otras piezas que lo componen, destaca la llave de desagüe (o válvula de evacuación), un gancho superior o finger hook que posibilita que un dedo repose mientras la ejecución, y varias argollas que permiten la sujeción de un cordón (como originariamente se hacía con uno largo trenzado en color verde y blanco y que pasaba por la cabeza del corneta) y/o un paño ornamental o gala. Precisamente sobre éste elemento señalar que la Cofradía ha tenido en su historia tres distintos, con los diferentes emblemas oficiales, siendo el último adquirido en 1979 por 4.470 pesetas en la casa de artículos religiosos Martínez Erro, ubicada en Pamplona. Por su parte, el tudel permite acoplar boquillas compatibles con las cornetas tradicionales al uso, lo que sugiere una intención de producir un sonido más cálido y redondeado. De hecho, actualmente se acopla una boquilla dorada de la conocida marca española Honsuy.
La exportación internacional de productos de la empresa estadounidense a Europa fue abundante al terminar la primera Guerra Mundial, lanzando a finales de ‘los años 20’ una gran campaña en nuestro país con anuncios en prensa y revistas especializadas alentando a organizar “una banda en su pueblo” que se nutriera de instrumentos de metal Conn, pues “la supremacía de esta casa en la fabricación de instrumentos de viento se han mantenido incólume durante más de medio siglo, por la sencilla razón de que las más famosas orquestas, los solistas y los aficionados de todo el mundo prefieren los instrumentos Conn”.
La distribución de instrumentos de la marca se hacía bajo catálogo mediante la intermediación de músicos profesionales que actuaban como agentes comerciales o representantes exclusivos (tal como Manuel Fernández Benítez, director del Real Conservatorio de Música en Málaga) o a través de ciertos comercios autorizados, siendo el caso de algunos de los establecimientos musicales más reputados del país como la barcelonesa ‘Casa Parramón’ o la bilbaína ‘Casa Dotésio’ (posteriormente, ‘Unión Musical Española’).

Precisamente, con esta empresa mantuvo acuerdos comerciales la casa fundada en 1880 por el violinista y compositor Estanislao Luna Remón, con sede en Pamplona pero expandida a otras ciudades como Vitoria, San Sebastián o Zaragoza. En nuestra ciudad, ‘Casa Luna’ abriría sus puertas en 1901, primero en el número 1 de la por entonces llamada plaza de la Constitución (actual plaza de España), luego en Coso nº 35 y finalmente, hasta su cierre en la década de 1960, en la calle Alfonso I nº 29. Pues bien, de este comercio fue ‘apoderado’ Mariano Biu, con anterioridad a que el 20 de noviembre de 1939 inaugurase su propio negocio en la calle Espoz y Mina nº 34 bajo el nombre primigenio de ‘Almacén General de Música’. Un lugar que sería fundamental en nuestra historia y en la de la propia Semana Santa de Zaragoza, pues en el mismo adquiriría la Cofradía cientos de instrumentos a lo largo de décadas, no siendo únicamente distribuidor de primeras marcas nacionales e internacionales, sino que también llegó a ser un reconocido fabricante de instrumentos con taller en la calle Alvira Lasierra nº 8, el cual (como se señalaba en anteriores páginas) sirvió de lugar de ensayos para nuestra recién creada ‘Sección de Tambores’ entre 1941 y 1944.
Sin embargo, la producción musical de C. G. Conn Ltd. fue cancelada desde 1942 hasta 1945, reconvirtiendo su planta para la fabricación de equipamiento militar, trabajando para el ejército estadounidense durante la II Guerra Mundial, pasando así de construir trompetas, saxofones o cornetas a producir piezas de precisión para aviones y artillería e, incluso, componentes electrónicos para la Armada y la Fuerza Aérea. En España, además, se vivía una época crítica debido al bloqueo internacional, a la llamada ‘cuestión española’ que duraría más de un década hasta la admisión en 1955 de España en la ONU y por la concepción autárquica del Estado, limitando la importación de productos extranjeros y usando exhaustivamente los recursos y productos nacionales. Unas circunstancias que, unidas al hecho (cómo se decía) de que el modelo estaba ya descatalogado por parte del fabricante, hacen suponer que nuestra heráldica, o bien se encontraba en el stock de Biu con anterioridad a 1945 o, al menos, lo estaba en el de algún proveedor nacional con los que trabajaba habitualmente o con los que tenía contacto en su etapa actual o en la anterior en ‘Casa Luna’.
En cualquier caso, nuestra heráldica, con la excepción de las esquilas que encabezan la procesión del Santo Entierro y que evocan la primitiva figura del llamador de la Hermandad de la Sangre de Cristo, es la pieza física que más tiempo lleva tocándose de entre todos los instrumentos que hacen sonar las cofradías y hermandades zaragozanas, puesto que desde 1945 y hasta el presente año 2025 (incluyendo los años ‘pandémicos’ en los que también Víctor Camañes la tocó tanto para la grabación “La Palillera 2.0” como en los celebrados en 2021 en el interior de la Parroquia de San Gil Abad) siempre ha podido escucharse con la salvedad del año 2007, cuando, sensiblemente deteriorada, fue reparada y recuperada por Jesús Oche Lozano para que regresase a nuestras procesiones.
David Beneded Blázquez

