El Jubileo cofrade en Roma

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El Jubileo cofrade en Roma
Jubileo Cofrade en Roma (fotografía de Miguel García).

Queridos hermanos en Cristo:

Lo primero que quiero es agradecer al equipo de Comunicación por dejarme participar en los medios de la Cofradía y poder contar mis experiencias del Jubileo.

La idea de acudir a Roma en el Jubileo me surgió desde el momento en que se empezó a rumorear que se quería llevar al Santísimo Cristo de la Expiración de Triana, el conocido como El Cachorro, para hacer una procesión en la Ciudad Eterna con ocasión de la celebración del Jubileo Ordinario del año 2025 convocado por el fallecido Papa Francisco.

Y yo, como devoto de esa imagen y ‘jartible’ de procesiones extraordinarias, no podía faltar. Y menos después de haber estado en Roma unos meses antes.

Cuando ya se confirmó la fecha del 17 de mayo de 2025, hice un paréntesis en mi calendario y, justo un año antes que salieron los billetes, reservé el viaje.

Pasaron los meses, la intensidad de la Cuaresma y de la Semana Santa, y llegó el gran momento. El jueves antes de la procesión llegué a Roma. Ya había visto fotos de El Cachorro y de María Santísima de la Esperanza Coronada de Málaga en el Vaticano, pero aun así las ansias me podían. La verdad es que al entrar al Vaticano y contemplarlos fue una emoción inmensa, hasta el punto de que se me arrasaron los ojos. Ese sueño de ver a El Cachorro dentro centro del cristianismo fue indescriptible.

Estaba solo El Cachorro, sin velas, sin flores, sin altar de cultos… No le hacía falta nada más. A su lado, la Esperanza y rodeado de grandes frescos y de esculturas barrocas de mármol. No desentonaba nada… Una de las grandes imágenes del barroco español estaba ahí, mirando a las inmensas cúpulas de San Pedro.

Me encontraba rodeado de cofrades españoles y eso se notaba: muchas emociones y ojos vidriosos.

Por la tarde, las dos hermandades andaluzas habían preparado la peregrinación para ganar el Jubileo cruzando la Puerta Santa, puesto que realmente, ese era el motivo de celebrar ahí la procesión.

Nosotros al ir solos no teníamos grupo para poder hacer la peregrinación, así que directamente fuimos a preguntar a un sacerdote que se encontraba ahí. Y tuvimos la gran suerte que nos recibió con los brazos abiertos y, después de una buena charla, nos dijo que todos los cofrades éramos bienvenidos, aunque no fuésemos de la hermandad de El Cachorro. Gracias a D. Félix Quijada, de la pastoral penitenciaria de Sevilla, fue una maravilla poder hacer la peregrinación con ellos, entre los que se encontraban el señor arzobispo de Sevilla, monseñor Saiz Meneses, con sus dos auxiliares, el alcalde y demás miembros del ayuntamiento.

Al cruzar la Puerta Santa fue un momento de recogimiento muy bonito y a la vez de alegría, sabiendo que sólo cada veinticinco años se tiene esa oportunidad.

Y por fin llegó el día tan esperado. Era la Magna de las Magnas. Imágenes de toda Europa estaban ahí para participar en el primer Jubileo de la historia de las cofradías.

Comenzó la procesión puntual y a un buen ritmo, y la gente no dejó de aplaudir al contemplar la majestuosidad de todas las hermandades participantes.

El grupo de amigos y mi pareja cogimos un sitio privilegiado, delante del Coliseo y del arco de Constantino. Y al pasar la primera cofradía española, que fue el Nazareno de León, la gente quedó maravillada por un trono con más de cien portadores y una muy buena agrupación musical, que hizo que la gente se diera cuanta de la maravillosa Semana Santa que tenemos en España.

Mi sentimiento fue inmenso y las lágrimas volvieron a recorrer mis mejillas inesperadamente viendo ese paso a los pies del Coliseo. Sabía que estaba viviendo algo único e irrepetible. Y sólo acabábamos de comenzar.

El Cachorro ya llegaba y los nervios afloraron en todos los españoles. Fue un instante simplemente mágico, porque parecía que Él siempre había pasado por ahí, y que no desentonaba en absoluto.

Después llegó la alegría con la Esperanza, con ese inmenso trono malagueño con sus 260 portadores y sus sones con marchas alegres, que desbordaron las emociones en Roma. Y los vivas no sólo eran para la Esperanza, sino para cada una de nuestras devociones marianas, y el ¡viva la virgen del Pilar! también sonó en Roma en nuestros corazones.

La medalla de nuestra Cofradía de las Siete palabras y de San Juan Evangelista que llevé de un hermano que ya no está ya entre nosotros fue un privilegio. Jorge estaba también en Roma, como todos los hermanos de nuestra Cofradía, celebrando el jubileo de las cofradías, representando a los que somos y a los que ya están con Jesús en el Paraíso.

De la procesión sólo saco cosas bonitas. Una experiencia única e irrepetible. Y me siento orgulloso de haber estado ahí. ¡Feliz jubileo de la esperanza, hermanos!

Miguel García Hernando
Hermano Numerario de la Cofradía