La Cofradía no es sólo procesionar en Semana Santa, ni la parroquia es un simple almacén; somos una comunidad viva. Históricamente, se ha caído en el error de pensar que la misión de la Iglesia recae en exclusiva sobre los hombros de los sacerdotes. Sin embargo, la realidad actual nos recuerda una verdad fundamental: los laicos no somos meros usuarios de las Parroquias, sino sus piedras vivas y sus protagonistas esenciales.
Durante mucho tiempo imperó una cultura de asistencia intermitente, donde muchos acudían al templo solo durante los cultos, el Triduo o las asambleas generales, para luego marcharse. Hoy, el llamado es a la corresponsabilidad. Nuestra propia naturaleza fundacional nos exige dar ese paso al frente. Como afirmaba nuestro capellán perpetuo fundador, Mosén Francisco Izquierdo Molins, la Iglesia necesita personas de confianza y de gran valía demostrada, «de gran espíritu apostólico, con experiencia y capacidad de dirección». Mosén Francisco nos diseñó para ser una “minoría selecta”, no por orgullo, sino por la responsabilidad de ser cristianos activos, alegres y comprometidos con las necesidades reales de nuestro entorno. San Gil es el lugar donde celebramos nuestros actos religiosos, la iglesia que custodia nuestro Cristo de las Siete Palabras y nuestro hogar espiritual. Acudir allí solo cuando hay una celebración, eso el que acude, significa vivir nuestra fe a medias. Los Estatutos de la Cofradía recuerdan que somos una «asociación pública de fieles con personalidad jurídica» constituida al amparo del Derecho Canónico, lo que implica que nuestra misión no se limita al Viernes Santo, sino que se extiende a la vida diaria y al apoyo de la comunidad parroquial que nos acoge.
La colaboración en la parroquia es tan variada como los carismas de nuestros hermanos, y la gestión de San Gil requiere perfiles de todo tipo durante los 365 días del año. Podemos potenciar la caridad de la cofradía integrándonos en Cáritas parroquial para atender a las familias vulnerables. También podemos ofrecer cofrades dispuestos a ser catequistas de confirmación o comunión, ayudar en la limpieza, la conservación del patrimonio del templo, o aportar conocimientos técnicos en administración y redes sociales de la parroquia. Incluso en el plano litúrgico, sería de gran valor crear un grupo de lectores o ujieres estables de la cofradía para las misas parroquiales dominicales, haciendo de San Gil un templo abierto y cálido.
Si damos un paso al frente en San Gil, la transformación puede generar un impacto positivo para todos. Para los cofrades, el paso de ser un hermano pasivo a un miembro activo, permitiendo descubrir talentos al servicio de los demás y creando lazos de hermandad más fuertes fuera de las filas de la procesión. Para la Parroquia de San Gil, el hecho de que la cofradía asuma responsabilidades organizativas en el templo libera al sacerdote para el acompañamiento espiritual, demostrando que cuidamos y damos vida a la iglesia donde celebramos nuestros misterios. Finalmente, para Zaragoza y el barrio, una parroquia céntrica como San Gil, impulsada por la fuerza de una cofradía activa, se transforma en un faro para la ciudad, dejando de ser un simple monumento histórico para convertirse en un centro de dinamización social y espiritual continuo.
Una cofradía que solo mira a la Semana Santa se vacía de contenido; una parroquia sin sus laicos se ahoga. Unir la fuerza de las Siete Palabras con la vida de San Gil permite que nuestra fe respire con fuerza, llenando el templo de juventud, ideas nuevas y compromiso. El futuro de nuestra Cofradía y de la actividad en nuestro templo de referencia no depende de las estructuras, sino de que cada cofrade descubra que San Gil es su casa y que su presencia es insustituible.
Por todo ello, hacemos un llamamiento sincero a todos los hermanos de las Siete Palabras:
Si por motivos geográficos u horarios no colaboras activamente en la parroquia de tu propio barrio, tu sitio está aquí, en la iglesia donde celebramos nuestra fe comunitaria.
San Gil te espera con los brazos abiertos durante todo el año para canalizar tu compromiso, tus talentos y tu fe compartida en comunidad.
Clara Mª Blasco Sánchez
Vocal de relaciones con la Parroquia.
Fotografía de Rodrigo de Miguel.

