«Nunca se vio Zaragoza más bella que en Viernes Santo, cuando las Siete Palabras la visten de verde y blanco» (Juan de Padura).
Hay una luz distinta. No es solo la de la primavera que empieza a abrirse paso entre los días todavía fríos. Es una luz más honda, más antigua, como si la ciudad entera supiera lo que va a ocurrir y se preparase en silencio. Las fachadas parecen más altas, las plazas más amplias, los balcones más llenos. Zaragoza se asoma.
Y nos mira.
Nos mira desde hoy, desde este mismo instante en el que los redobles comienzan a marcar el pulso del mediodía. Nos mira desde cada esquina, desde cada portal, desde cada niño que pregunta y cada anciano que recuerda. Nos mira sin apartar los ojos, con esa mezcla de curiosidad, respeto y emoción que solo ocurre una vez al año.
Pero también nos mira desde lejos.
Nos mira desde 1940.
Desde aquella primera salida procesional en la que todo era más pequeño y, sin embargo, todo era ya exactamente lo mismo. Desde aquellos primeros tambores que rompieron el silencio de la ciudad y anunciaron algo nuevo, algo que había llegado para quedarse. Desde aquellos hermanos que, sin saberlo, empezaron un camino que hoy seguimos recorriendo.
Todo ha cambiado.
Han cambiado las calles, las luces, los sonidos. Han cambiado los rostros, las manos que portan, las voces que rezan. Ha cambiado incluso la forma en la que la ciudad nos recibe.
Pero, en el fondo, nada lo ha hecho.
Porque seguimos procesionando por lo mismo.
Porque seguimos siendo los mismos.
Zaragoza nos mira y, aunque no siempre lo sepa, también nos escucha.
Escucha la predicación pública de las Siete Palabras, que es el alma misma de nuestra Cofradía. Para eso nacimos. Para eso salimos. Para eso seguimos, año tras año, haga el tiempo que haga, aunque el cierzo apriete o la lluvia amenace. Salimos porque la Palabra tiene que ser dicha en la calle, en medio de la vida, en medio de la ciudad.
Y la ciudad responde.
A su manera.
Para algunos, es tradición. Para otros, es espectáculo. Para muchos, es un momento que se repite cada año sin preguntarse demasiado por qué. Pero ahí están. Mirando. Esperando. Guardando silencio cuando pasamos.
Y nosotros, desde dentro, lo sabemos.
Sabemos que no todos entienden. Sabemos que no todos escuchan con la misma fe. Pero también sabemos que algo queda. Que hay una palabra que cala, una mirada que se detiene un segundo más de lo habitual, un silencio que no es casual.
Y eso basta.
Porque nuestra misión no es ser entendidos, sino ser fieles.
Ser ese puente invisible entre lo que fuimos y lo que seremos. Entre aquellos hermanos que salieron por primera vez en 1940 y los que, dentro de muchos años, seguirán cruzando estas mismas calles. Somos una cadena que no se rompe, una historia que no se interrumpe.
Somos, como dijo entonces mosén Francisco, convertido hoy en axioma, los de siempre.
Los que reciben, los que custodian y los que entregan.
Los que saben que cada Viernes Santo no es uno más, sino el mismo de siempre, repetido con nuevos rostros y la misma fe.
Los que entienden que la ciudad nos mira, sí, pero que también nosotros miramos a la ciudad con la responsabilidad de quien sabe que lleva algo que no le pertenece.
Porque llevamos la Palabra.
Y este 2026, Zaragoza nos verá. Como siempre.
Saldrá a nuestro encuentro. Nos mirará. Nos escuchará.
Y nosotros volveremos a hacer lo único que sabemos hacer: Predicar.
Porque, en el fondo, solo somos eso: Los de siempre. Y no necesitamos ser nada más.
Gerardo Martínez Payó*
Gerardo es hermano de la Cofradía desde el año 1972 y nieto del hermano fundador Gerardo Martínez Abad, quien, además de ser uno de los primeros hermanos que ingresaron atendiendo la llamada de mosén Francisco (nº 32), ocupó diferentes cargos de responsabilidad en la Junta de Gobierno. Colaborador habitual de nuestro ‘Equipo de Comunicación’ y miembro de la Asociación para el Estudio de la Semana Santa, su pasión desmedida por la Semana Santa zaragozana le han impulsado a colaborar y emprender distintos proyectos comunicativos, dirigiendo un espacio radiofónico dedicado a la Semana Santa de Zaragoza en «Onda Aragonesa».

