Veinticinco años sobre nuestros hombros

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Veinticinco años sobre nuestros hombros
Veinticinco años sobre nuestros hombros (fotografías de Paco Romero, Jesús Oche y Nacho García).

Venerado Santísimo Cristo de las Siete Palabras, porque ese es tu nombre y no otro. Se cumplen veinticinco años desde aquel día que llegaste a nuestra sede, y no me refiero sólo a nuestras oficinas, me refiero a la sede de cada uno de los hermanos de tu Cofradía, a nuestro corazón. Tu llegada venía a colmar el anhelo más perseguido por los hermanos de la Siete Palabras, tener una imagen tuya para portarla sobre nuestros hombros por las calles de nuestra Muy Noble y Muy Heroica, Muy Leal, Siempre Heroica, Muy benéfica e Inmortal ciudad de Zaragoza. Viniste también a ser protagonista y referente del Vía Crucis que cada Lunes Santo recorre las calles de nuestra querida parroquia de San Gil Abad. Y a fe que lo has conseguido.

Es Lunes Santo, la noche empieza a caer, centenares y centenares de cofrades bajo sus hábitos blancos y capirotes verdes, cada uno con sus alegrías, penas y promesas te rodean y te transmiten sus necesidades y gratitudes antes de salir con todos los honores que mereces por la puerta de la que es tu casa. Sabes bien que, poco a poco y sin alboroto, como Tú lo sabes hacer, te has ganado la devoción de la ciudad. Año a año te has ido convirtiendo en el protagonista de la noche de cada Lunes Santo. La marea de capirotes verdes sale de tu casa a cumplir con la misión que les corresponde y, atenazados por los nervios, giran sus miradas esperando verte cruzar el quicio de la puerta. Y Tú, una vez más, con tu cabeza inclinada y mirando hacia abajo, confirmas lo que ya sabías; si por centenares se cuentan los cofrades que te van acompañar por las estrechas calles del casco antiguo, por miles se agolpan las almas que te esperan en las aceras. Muchos se santiguan a tu paso y todos con sus miradas intentan, en esos escasos segundos que transcurren a tu paso, contarte sus sentimientos. Miles de almas que saben que, pase lo que pase, allí estarás.

Arranca tu recorrido por nuestras calles, que, una vez más, se convierten en esa Vía Dolorosa que recorriste hace mucho tiempo y que, estación a estación, vuelve a contarnos todo lo que padeciste y sigues padeciendo por todos nosotros. Avanzas al ritmo acompasado de tambores y cornetas, sobre esos doce hombros que te mecen con amor y respeto, sobre esa preciosa peana en la que tanto trabajaron Antonio y Jesús. Tú sabes muy bien quiénes son. Son muchos los que te ven pasar desde sus balcones y estiran su mano para tocar la Cruz sobre la que estás consumando tu mayor prueba de amor o, incluso, los más afortunados alcanzan a rozar tu mano sujeta por un frío clavo a ese madero de redención.

Tu peso, minuto a minuto, crece. Cada vez son más las cargas que cada de uno de nosotros te vamos poniendo sobre tu espalda a tu paso. Ya enfilas la subida hasta tu segunda casa. De nuevo la infinidad de capirotes verdes se arremolinan en torno a una preciosa fachada muy bien conocida por ti. San Cayetano abre sus puertas para recibirte un año más. La puerta está abierta pero dentro sólo se ve oscuridad, una vez más esos doce hombros, ya maltrechos por el esfuerzo, van a girarte para que, mirándonos a todos y fundiéndote paso a paso en esa oscuridad que te envuelve, nos digas: “Misión cumplida”.

Descansa… Sabes de sobra que pronto tenemos otra labor muy importante que realizar. El viernes volveremos a salir a las calles contigo sobre nuestros hombros. En esta ocasión volverás a pronunciar ese testamento de vida y fe y que todos los Viernes Santo nos enviaste desde la Cruz con tus últimas Siete Palabras. Si todo va bien, abrirás paso entre la multitud a nuestro cortejo procesional y si las cosas no van tan bien… ocuparás tu posición detrás de todos esos capirotes verdes, pero pase lo que pase Tú estarás allí.

Tras el trabajo bien hecho volverás a tu lugar en nuestra Parroquia. Desde allí nos verás y escucharás durante un largo año, hasta que llegue un nuevo Lunes Santo y, de nuevo, ya por vigesimosexta vez, todos estaremos esperándote, como siempre, a que salgas a llenar las calles de amor y de perdón.

Lunes Santo, verde y blanco. Lunes Santo, Cristo de las Siete Palabras.

Ignacio García Aguaviva *

(*) Hermano Mayor de Honor y primer cabecero de la peana del “Cristo de las Siete Palabras”.