La Cofradía en peregrinación a Tierra Santa

22 de junio de 2014

¡Qué complicado y difícil veo escribir este artículo! Después de romper no sé cuántos borradores he decidido abrir mi corazón y contar mi sentir de este viaje. Si algo teníamos claro en la celebración del 75º aniversario era el destino: Tierra Santa. ¡Cuánta ilusión! Y cuantos proyectos a cuál más bonito y emocionante.

Ya en mi primer encuentro con Fernando Arregui soñábamos como sería, como nos gustaría hacer celebraciones especiales en el Monte de los Olivos, en el Santo Sepulcro, etc. Comenzamos a trabajar con la ayuda de Jorge Moncada (Viajes Área) al cual, desde este pequeño artículo, quiero darle las más sinceras gracias por su trabajo y por todo el cariño dedicado a este viaje. La verdad es que gracias a su ayuda y a toda la profesionalidad de llevar un montón de viajes realizados, nos abrió muchas puertas. Cada vez que nos reuníamos teníamos más y más ganas de que llegase ese momento y, como ya digo gracias a Jorge, todo lo soñado se iba alcanzando y haciendo realidad. Quiero dar las gracias a todos y cada uno de los peregrinos por ponérmelo tan fácil. Y como no dar mil gracias a nuestro guía, Pablo Arlowsky. Él nos metió a todos en el país, en los lugares donde Cristo pasó y vivió. Gracias a tu buen hacer todos, en algún momento, sentimos que Cristo nos acompañaba. Tampoco me puedo dejar a nuestro consiliario, Fernando Arregui. Gracias porque en ti sentimos que Cristo estaba a nuestro lado. Gracias por llamarnos uno a uno a ser pescadores de hombres, a ser sus manos y sus pies.

Llegó el momento de partir y ya estábamos en nuestro destino. Una tierra a la cual a ninguno nos dejó indiferentes. A todos y a cada uno se nos removían cosas en nuestro interior. Sería muy largo y sobre todo difícil de explicar lo que en este viaje vivimos y sobre todo sentimos.

Tengo la certeza de que, a partir de ahora, cada vez que leamos o escuchemos ciertos pasajes bíblicos nos transportaremos al Monte de las Bienaventuranzas, al lago Tiberiades, al río Jordán, a Caná o al Monte de los Olivos. Son muchas las emociones y los momentos compartidos a cuál más intenso. Y cuando parecía que nada podía superarlo se hacía o llegaba otro más profundo.

Como puede ser muy largo de explicar este viaje tan emocionante en el que vivimos de todo, pasaré a recordar algunas pinceladas donde toda la cofradía estuvo presente. Además con nosotros estaban hermanos de otras cofradías como la Sangre de Cristo, la Eucaristía, el Prendimiento, el Descendimiento y la cofradía de Cuarte. Gracias a ellos fue un auténtico peregrinar ya que la mezcla de colores hacía el viaje más enriquecedor, pero en definitiva todos sentíamos lo mismo: todos nos sentimos hijos de un mismo Dios, que en muchos momentos sentimos que se hacía presente en cada oración.

Recuerdo el momento que vivimos en el Santo Sepulcro. Como en cada celebración nuestro Crismón presidía en el altar. Mientras estaba yo colocando todas las medallas, para hacer presente a todas las cofradías, un hermano de la Sangre de Cristo se acercó y me pidió que, al igual que ese día también nos presidía el «Cristo de la Expiración en su Séptima Palabra«, le permitiéramos que nos acompañara el Cristo de la Cama que él mismo llevaba en una sencilla estampa en su cartera. ¡Cómo no! El Cristo más antiguo junto al más joven, pasado y presente juntos. Pues no solo emocionada de ver todo esto, nuestro Hermano Mayor, Nacho, en un sencillo gesto ató su medalla la medalla del hermano de la Sangre de Cristo, toda una catequesis de hermandad, y aún no había comenzado la celebración. ¡Cuántos gestos de sencillez y de amor y que espiritualidad de hermandad estábamos viviendo! Todos unidos a un solo Cristo.

Y en mitad de una celebración en la cual los símbolos no paran de decirme cosas, se nos va la luz (cosas de la providencia) pero continuamos así, a oscuras, como queriendo profundizar o interiorizarlo más. Pero ¡qué casualidad!, La luz llega justo en el momento de la consagración. Es como si desde la casualidad Cristo nos recordara lo verdaderamente importante. Yo, como todos, pensaba que todo esto estaba estudiado pero no, no tenemos que preparar todo tanto sin dejarnos llevar. Al finalizar la celebración llena de alegría y convencida de que Fernando tenía todo esto preparado, veo cómo se acerca el hermano de la Sangre de Cristo a abrazar a nuestro querido Hermano Mayor. Y mientras recojo puedo contemplar como el hermano de la Sangre de Cristo le comunica emocionado a Nacho que le gustaría regalarle la estampa que lleva siempre en su cartera y que preside sus rezos cuando tiene guardia. ¡Qué gran regalo! Como podéis ver son muchos pequeños gestos, vivencias y la presencia de Cristo vivo entre nosotros. Que suerte poder decir que allí yo sentí el susurro de Dios.

Otro de los momentos más emocionantes fue, para mí, nuestro bautismo en el río Jordán. Como sentimos la fuerza del agua y del espíritu. Para este momento, nuestra hermana Adela Abós, nos regaló a cada uno una pequeña estola que se nos imponía nada más ser bautizados. Una estola sencilla, pero muy bonita y hecha por sus manos. Además ya muchos me habéis comentado que será el paño blanco que llevarán vuestros nietos. Gracias Adela por ser tan delicada en tu trabajo y como diría nuestro consiliario: «en ser delicado con los demás está la diferencia». Gracias por tu trabajo, todo esto regado con tan buen ambiente, un montón de risas, algún que otro gin-tonic y mucho picante, fueron momentos para compartir y sobre todo vivir.

Además durante el viaje llevamos un cuaderno en el cual cada uno escribía su sentir y sus emociones en el momento que quería y tengo que deciros que yo he tenido la suerte poder leer todos los comentarios, y me impresiona ver como Cristo está dentro de cada uno y nos hace compañía y nos va empujando; como en medio del lago y a través de Fernando, nos llama a cada uno por nuestro nombre y nos invita a seguirle a ser pescadores de hombres. Me impresiona ver como ese día en la barca, que algunos pensaban que sería un simple paseo por el gran lago Tiberiades, sentimos los mismos miedos e incertidumbres, y como se movía igual que hace dos mil años, con nuestra falta de confianza. Pero después de esa llamada personal a seguirle terminamos tan contentos y tan felices que alguno hasta se animó a bailar.

Son tantos momentos que no quiero aburriros pero deciros que Dios continúa llamándonos a todos y a cada uno por nuestro nombre pero estamos tan ocupados y tenemos tanto ruido, y el teléfono siempre enchufado, que no le oímos. Hagamos silencio y os aseguro que es posible oír el susurro de Dios.

Aún me faltan muchos momentos: Monte de las Bienaventuranzas, el vía crucis en la Vía Dolorosa, las bodas en Caná, la hora santa en el Monte de los Olivos de noche y solo para nosotros, etc. Como no íbamos a sentir a Cristo tan cerca cuando estamos rodeados de hermanos, si el mismo nos lo dijo: «Cuando dos o más se reúnen en mi nombre ahí estoy yo».

Gracias Fernando por tu cercanía y por ser nuestro pastor de estas tus ovejas. Gracias por hacer que sintamos a Cristo tan cerca. Como veis tenemos mucho que continuar viviendo y celebrando por eso os invito a que este año que ahora comienza continuéis participando en tantas cosas como se están programando a lo largo del año. Así creceremos como cofradía y como familia cristiana.


Autoría del artículo: VICENTE HERRERO, A. (2014). En “75 Aniversario: Publicación extraordinaria de la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista”, págs. 39-40. Zaragoza: Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista

Fotografía de cabecera: El nutrido grupo de hermanos de la Cofradía que peregrinaron juntos a Tierra Santa con motivo de la conmemoración del septuagésimo aniversario fundacional (fotografía de Rafael Félez)