Así fue la primera Palabra pronunciada por el arzobispo de Zaragoza

Así fue la primera Palabra pronunciada por el arzobispo de Zaragoza
Predicación de la I Palabra por el arzobispo de Zaragoza, monseñor Carlos Escribano (foto: Carlos Pavón).

Tal y como estaba previsto, pocos minutos después de las doce de la mañana y en el balcón del Colegio Notarial, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Carlos Manuel Escribano Subías, arzobispo de Zaragoza, predicó la primera de las Palabras, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34), que, a continuación publicamos:

«En el Calvario se enfrentan dos mentalidades. La palabra de Jesús crucificado en el Evangelio se contrapone, en efecto, a las que lo crucifican. Estos repiten un estribillo: “Sálvate a ti mismo”. Lo dicen los jefes del pueblo, los soldados, y uno de los ladrones crucificados junto a Él.

Pero, a la mentalidad del yo, se opone la del Dios.

El “sálvate a ti mismo” discuerda con el Salvador, que se ofrece a sí mismo.

Jesús en la Pasión no reivindica nada para sí, no ha venido a eso. Él reza al Padre y ofrece misericordia al buen ladrón, nos la ofrece a todos.

Una expresión suya en particular marca la diferencia respecto al “sálvate a ti mismo”: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

El Evangelio destaca que Jesús decía esto. No lo dijo solo una vez, en el momento de la crucifixión, sino que pasó las horas que estuvo en la cruz con estas palabras en los labios y en el corazón. Dios no se cansa de perdonar.

Debemos entender esto, pero entenderlo no solo con la mente, sino entenderlo también con el corazón. Dios nunca se cansa de perdonar. Nosotros somos los que nos cansamos de pedirle perdón, pero Él no.

Él no es que aguante hasta un cierto punto para luego cambiar de idea, como estamos tentados de hacer nosotros.

Jesús vino al mundo a traernos el perdón de nuestros pecados. Y al final, nos dio una instrucción precisa: Predicad a todos en su nombre el perdón de los pecados. ¡No nos cansemos pues de pedir el perdón de Dios!.

Y Jesús no solo implora el perdón, sino que dice también el motivo: perdónales porque no saben lo que hacen. Pero, cómo. Los que le crucificaron habían premeditado su muerte, organizado su captura, los procesos, y ahora están en el Calvario para asistir a su final. Y, sin embargo Cristo justifica a esos violentos porque no saben. Así es como Jesús se comporta con nosotros, se hace nuestro abogado. No se pone en contra nuestra, sino que se pone de nuestra parte contra nuestro pecado.

Y es interesante el argumento que utiliza: “porque no saben”. Es aquella ignorancia del corazón que tenemos todos nosotros pecadores. Cuando se usa la violencia, ya no se sabe nada de Dios, que es Padre; ni tampoco de los demás, que son hermanos. Se nos olvida porque estamos en el mundo y llegamos a cometer crueldades absurdas. Lo vemos en la locura de las guerras, donde se vuelve a crucificar a Jesús.

Sí, Cristo es clavado en la cruz en las madres que lloran la muerte injusta de los maridos y de los hijos. Es crucificado en los refugiados que huyen de las bombas con los niños en sus brazos. Es crucificado en los ancianos que son abandonados a la muerte y en los jóvenes privados de futuro, en los soldados enviados a matar a sus hermanos. Cristo es crucificado allí hoy.

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Aquel día muchos escucharon esta frase inaudita que Cristo en su desgarro pronunció. Pero muy pocos la acogieron.

Os invito a vivir este Viernes Santo con un corazón que se abre a acoger la misericordia y el perdón que Dios viene a regalarnos».

Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías
Viernes Santo, 29 de marzo de 2024

📷 Carlos Pavón