Queridos hermanos.
A las puertas se acerca nuestra semana grande, nuestra tan querida Semana Santa. Lejos y con una intensa cuaresma, se nos ha quedado aquellas celebraciones de Navidad, cuando celebrábamos que todo era felicidad y gozo porque Dios se acercaba a nuestra realidad a tocar nuestra carne. Y en cambio, en las profecías de Zacarías ya se escucha mirarán al que traspasaron, a Aquél que fue elevado en la cruz, clavado en dos maderos y entregando su vida, confió al Padre su Espíritu.
Y sí, la Semana Santa es una época del año en el que muchas miradas se cruzan y se entrecruzan, con personas que solo vemos de Pascuas a Ramos, como reza la famosa expresión, con aquellos que debajo de un capirote o un tercerol viven su procesión, y muchas irán al cielo y no solo buscando que el tiempo respete esta semana sino también recordando a los que ya no están o sencillamente, elevando los ojos para ver a Cristo, crucificado y traspasado, y pedirle, contemplarle, o sencillamente dejarse inspirar por Él. Y es que la mirada tiene mucho que ver con la Semana Santa.
No es una cuestión de que las imágenes pasen por nuestras retinas como si de un año más se tratase, no es una cuestión de quedarnos embobados mirando una imagen u otra. La gran cuestión es la de dejarnos mirar por Dios. Zacarías anunciaba que traspasarían a Jesús. Y esa sería una señal para reconocer al Hijo de Dios, pero desde la cruz Jesús también mira a aquellos que permanecen a sus pies.
Jesús se encuentra mirando a los pies de la cruz a su madre, a algunas mujeres de Jerusalén y a Juan, o aquél a quien reconocen como el discípulo amado. Solamente uno de los doce fue capaz de permanecer ahí. Sólo podía mirar al rostro de uno de sus discípulos junto con su madre. ¡Qué desilusión ver que no había quedado nadie más! Miedos, dudas, incertidumbres, inconsistencias existenciales y vitales que nos alejan progresivamente de la mirada de la cruz, de la mirada del Inocente, del rostro del Dios que se parte y reparte por cada uno de nosotros.
La mirada de la cruz no es la del deseo de venganza o de justicia, no es la del deseo de sangre o sufrimiento, no es la de la búsqueda de culpables, sino la del que busca encontrar seguidores, amigos, testigos, cirineos, rostros conocidos, tu rostro y el mío… no somos mejores que otros por permanecer a los pies de la cruz, no somos mejores por dejarnos mirar por Dios pero sí seremos constructores de su Reino si esa mirada desde la Cruz se convierte en encuentro con el hermano que sufre, con el pobre, con el que llora o sencillamente con el que necesita ser consolado, acompañado y querido.
Que esta Semana Santa sea, para todos los hermanos de la Cofradía de las Siete Palabras y de san Juan Evangelista, un momento de encontrarnos y cruzar esas miradas que la llenan de la Vida de la que habla el Evangelio.
Feliz Semana Santa a todos.
Rvdo. Sr. D. Pablo Vadillo Costa
Hermano Consiliario de la Cofradía

