Las cofradías de la Semana Santa

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Las cofradías de la Semana Santa
Las Cofradías de la Semana Santa (fotografía de Gerardo Sancho, 1964).

Todos los que conocemos la Semana Santa desde hace más de 60 años recordamos unos días de recogimiento total, con música sacra en las radios y programas religiosos en la única televisión que había. Crespones en los balcones y tradición de asistir a los ‘Oficios’, visita a los ‘Monumentos’, donde se adornaban sagrarios, vestidos mayoritariamente de negro o gris y asistencia a las procesiones.

Las cofradías, en aquellos tiempos tenían un número respetable de cofrades, todos varones, excepto en las cofradías exclusivas de mujeres. En ellas, los cofrades, entre los que me incluyo desde los seis años, éramos en su mayoría hermanos de vela y, en alguna cofradía, la mía fue la primera, empezaron a aparecer las secciones de tambores. Se procesionaba mayoritariamente por las noches y solían hacerse recorridos con vía crucis o sermones, como los de Las Siete Palabras. El espíritu, en aquel tiempo, era, al menos en lo exterior, religioso, devoto y de recogimiento.

Ahora bien, llegaron los años sesenta con su desarrollismo económico y se inventaron las ‘vacaciones de Semana Santa’ en los que los más pudientes se iban con el seiscientos a la playa cuatro días. Esta tendencia se generalizó a toda la clase media en los setenta y, poco a poco, fuimos viendo decrecer el número de participantes en las cofradías que procesionaban por las calles de la ciudad de Zaragoza.

La verdadera revolución llegó en los ochenta, cuando los responsables de las cofradías se dieron cuenta de que no se podía ignorar al 50% de la población, a las mujeres. Además, en este tiempo comienza a extenderse la afición a los tambores y los bombos. Así, hemos llegado a la situación actual en la que todas las cofradías crecen año a año, los hermanos de vela son cada vez más reducidos, las secciones de tambores y bombos crecen año a año, y las calles de la ciudad se llenan de procesiones y de personas que van a acompañarlas.

Pero, ¿cómo podemos explicar este boom? A mí se me antojan varias explicaciones.

La primera, lógicamente es religiosa. Hay personas que siguen teniendo respeto y recogimiento en los días de la Semana Santa y que, hombres y mujeres, encuentran dentro de un hábito ese lugar privilegiado. La segunda, es la tradición, el querer que perdure una costumbre heredada de padres a hijos; son muchos los que hoy son hijos y nietos de cofrades de “su cofradía”. La tercera, la irrupción de los tambores; es maravilloso ver cómo decenas de jóvenes se afanan semana a semana por mejorar los toques de su cofradía para que algún día poder ganar el primer premio en el concurso anual. La cuarta es para mí la más importante; es lo que en psicología llamamos la necesidad de afiliación. Con la incorporación de la mujer en las cofradías se forman grupitos, grupos y hasta parejas de jóvenes, sobre todo, que encuentran en las cofradías un lugar de encuentro, de reflexión, de ocio, de organización de su tiempo libre en un ambiente positivo de ayuda mutua.

Sea por una causa o por otra, la realidad es que las cofradías de la Semana Santa son un fenómeno psicológico y social que, además de su raíz religiosa, constituyen un estupendo marco para el encuentro solidario de adultos y jóvenes como no hay otro en la actualidad en nuestra sociedad.

Enhorabuena a todos aquellos que lo han hecho posible y a quienes se esfuerzan por que cada día sean más grandes.

Carlos Hué García
Hermano Numerario de la Cofradía
Doctor en Ciencias de la Educación y Psicólogo

📷 Gerardo Sancho, Viernes Santo de 1964