Desde dentro. No tengo nombre. Y quizás mejor así.
No llevo hábito ni capirote. Solo camisa blanca, corbata oscura, pantalón negro y la medalla de la Cofradía al cuello. Así salgo cada Viernes Santo, desde dentro. Empujando el paso de la Quinta Palabra, ese que no tiene acto propio, pero sin el que la procesión no sería la misma.
Porque en nuestra Cofradía hay pasos que todos reconocen.
La Tercera Palabra fue el primer paso procesional propio, la imagen que materializó el anhelo fundacional de predicar públicamente a Cristo crucificado. Tallado por Burriel, representa con honda emoción ese instante en que Jesús, desde la Cruz, entrega a su Madre al discípulo amado. Tiene su peso en la historia y en la liturgia: cuenta con un acto propio, el Vía Crucis de San Cayetano.
El Cristo de las Siete Palabras es otro latido profundo de nuestra Cofradía. Desde entonces, Él guía nuestras catorce estaciones por las calles del barrio, silencioso y solemne, predicando con su presencia viva el misterio de la Cruz. En ese caminar íntimo, al ritmo de centenares de instrumentos y por calles estrechas y milenarias, la Cofradía se reencuentra consigo misma y cuando la lluvia guarda al resto, es nuestra peana la que permanece.
Y claro, la Séptima. Majestuosa, exacta, universal. La imagen que muchos reconocen como nuestra cara más solemne. Cristo muriendo, entregando su espíritu. Silencio tallado por el arte de Miñarro. Preside la Capilla de San Pedro Arbués y, cada mañana de Viernes Santo, también nuestra memoria colectiva. Terceroles negros debajo. Música de capilla detrás, instrumental, religiosa, sobria, recogida. Solemne.
Y también, la Quinta. El paso sin acto propio. Sin altar en la Basílica. Sin guía visible.
Pero con sed.
“Tengo sed”, dijo Cristo. No solo de vinagre, sino de almas, de fidelidad, de amor anónimo. Y por eso, quizás, este paso no necesita nada más. Porque sus portadores lo dicen todo, invisibles, empujando desde dentro. Desde 1989 no buscan ser vistos. No buscan aplausos. No llevan luz. Llevan a Cristo.
Y por eso, aunque no tenga acto propio, cada Viernes Santo, cuando la carroza de la Quinta se pone en marcha desde dentro de San Cayetano, acompañando a sus pasos hermanos y a la Cofradía, sabemos que está completa. Que todas las palabras están. Que todas las sedes han sido escuchadas.
Ellos, los de la Quinta, lo saben: a veces, el mayor protagonismo es el que no se nombra.
Fieles. Silenciosos. Irremplazables. Siete Palabras.
Gerardo Ramón Martínez Payó
Hermano Numerario de la Cofradía

