Este viernes 21 de junio a las 21 horas nos ha dejado Mario. Se ha ido casi sin darnos cuenta y haciendo poco ruido. Hace muy pocos días seguía disfrutando de la “buena salud” de los 92 años.
Ha pasado todo muy rápido, todo se ha ido complicando. El sábado 8 de junio ingresó, fue a peor, luego vimos cómo remontaba algo. Fue consciente unas horas que aprovechó a tope, siguiendo su estilo y arregló todo lo humano y lo divino que le preocupaba. Hizo el testamento que quería, recibió la unción de enfermos y se confesó. Como el mismo decía, estaba en PAZ.
Hace unos años, el 18 de diciembre de 1996, cuando Pedro Hernández, Hermano Mayor de nuestra Cofradía, firmó el documento de incorporación de la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista a la Parroquia de San Gil Abad, junto a su párroco Mario Gállego Bercero y el visto bueno del Vicario General Francisco Martínez, se inició una nueva relación de nuestra “Cofradía de Las Siete Palabras y de San Juan Evangelista” con nuestra “Parroquia de San Gil Abad”.
Para mí, con aquella firma se inició todo. Muy poco después, Pedro Hernández, tras mis alegatos para evitar entrar en junta y advertirme que los cargos de la junta de gobierno dela Cofradía eran gratuitos, reelegibles y obligatorios, me nombró Hermano Coordinador de la Parroquia de San Gil. Más tarde, los cargos de hermano teniente y hermano mayor hasta 2010, me ofrecieron el marco adecuado para profundizar en el conocimiento primero y en una sólida amistad con quien ejercía de párroco de San Gil.
Hasta 1996, no había tenido oportunidad de conocer a Mario. En estos años fuimos compartiendo muchas horas intensas de trabajo, alegrías y tristezas en común.
He tenido el honor de conocer a un gran Sacerdote, a un hombre de Dios que nos acogió hace ya 28 años y con el que hemos compartido lo más sagrado e íntimo que tenemos, nuestra FE en Cristo Resucitado. Domingo Buesa, buen amigo suyo, decía que “hay personas a las que Dios ha dotado tanto de una extraordinaria lucidez intelectual como de una férrea voluntad de intentar hacer bien todo lo que se propone”, así era Mario, bondadoso, trabajador, buen amigo, sincero y al mismo tiempo exigente. Si tenía algo que decir, siempre lo decía, con cariño, pero lo decía.
Disfrutaba de la buena amistad, de un buen rato de tertulia, de una buena comida con un buen vino. Disfrutaba de la naturaleza y de entornos únicos, como el Pirineo, donde admiraba su románico en el valle de la Garcipollera, con Santa María de Iguacel o San Adrián de Sasabe cerca de Borau.
Se le iluminaba la cara con esa sonrisa pícara y cómplice transmitiendo su paz, amistad y felicidad. Se le notaba cuando estaba a gusto y disfrutando.
Además, Mario ha sido nuestro Capellán. Ha puesto la parroquia de San Gil a nuestra disposición, ha participado y animado nuestras reuniones y liturgias de nuestra Cofradía. Quedan en nuestro recuerdo sus homilías bien preparadas, siempre directas, incisivas, comprometidas y actuales. Sus predicaciones en las procesiones del Viernes Santo de las Siete Palabras, no siempre fáciles. Su cercanía en todo momento, pero manteniendo su firmeza, su idea, su impronta y su personalidad.
Hemos visto como su amor al arte, le permitió renovar y transformar una parroquia decrépita y medio hundida en los años 90, en una de las más cuidadas y mejor restaurada de nuestra ciudad y lo desarrolló desde la Delegación de Patrimonio Diocesano que dirigía, en toda la Diócesis de Zaragoza, siendo sin duda el más experto conocedor de nuestra riqueza artística. Como indica Domingo Buesa, “entre todas sus acciones, la que ha ocupado los últimos 32 años de su vida es la Parroquia de San Gil, que se asentaba en un antiguo edificio que él tuvo que sostener, arreglar, mejorar y convertir en una iglesia modelo de actuaciones. Y logro el milagro de hacer de este templo histórico un espacio de referencia, un espacio para rezar y para admirar la belleza de las obras que nos llevan a Dios…”
En su despedida de la Parroquia de San Gil, el 4 de septiembre de 2022, coincidiendo con la toma de posesión del nuevo párroco, nuestro querido Consiliario de Honor, Fernando Arregui Moreno, Mario Gallego nos decía: “He descubierto la santidad de la Iglesia universal en tantos miembros de la comunidad parroquial de San Gil como en la cofradía de las Siete Palabras, que casi me abruma y puedo cantar con el salmista: Dios ha estado grande conmigo y estoy alegre. Gracias Señor y Amén”.
En la Semana Santa de 2023, desde el balcón del Colegio Notarial de la plaza de San Cayetano, Mario nos predicó la 1ª palabra: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Fue su última predicación en nuestra procesión de las Siete Palabras, y concluyó diciendo: Señor, voy a terminar, porque si no dirán que estoy lejos de vivir en este tiempo, dirán que son todo cosas de un anciano delirante y traumatizado, todo es posible. Permíteme, Señor que deje mi cruz en el suelo junto a la tuya… y por eso me acurruco al pie de tu cruz y me pongo a rezar juntamente contigo la invocación al Padre Eterno: “Padre nuestro que estas en los cielos…”
Al concluir la Eucaristía en San Gil, a Mario le gustaba cantar a nuestra Madre del Pilar y cuantas veces le escuchamos: “Mientras recorres la vida tú nunca solo estás, contigo por el camino Santa María va. Ven con nosotros a caminar. Santa María, ven.”
DESCANSA EN PAZ MARIO
Paco Romero

