Mi amor está crucificado. Todo se ha cumplido. Tu cruz Jesús, es mi herencia bendita. Todo se ha cumplido. Estoy junto a María, a tus pies. Estoy junto a Juan, a tus pies.
Sólo apoyado en ellos puedo sostenerme ante tu dolor, ante tu sangre preciosa salpicando todas las esquinas de mi corazón, sangre preciosa que salpica mis certezas, mis pensamientos, mis sueños, mis expectativas, mis miedos y mis esperanzas…
Todo se ha cumplido.
Todo ha quedado en silencio en este día oscuro en este día trágico. Tú eres todo “si”, hasta tu último aliento, todo ha sido dado, todo ha sido derramado, todo está consumado. Tu “sí” deja a la luz mis tinieblas, tu “sí” me habla de mis contradicciones, de mis pecados…
Te vi pasar, junto a mí, camino del Calvario y a pesar de mis traiciones me miraste… me miraste y me elegiste… a pesar de que los gallos cantan en todos mis amaneceres…
Vi que te abofeteaban, que se burlaban de ti… y ¡cómo me duele descubrir mis manos alargadas también hacia tus mejillas! ¡Ciego e insensato! Pasé de ti, me burlé, te abandoné… Y a pesar de mis infidelidades, tú eres fiel. Tu promesa es eterna.
Todo se ha cumplido.
Escuché tu sentencia de muerte y sin pretenderlo también yo la firmé. Con mis negaciones, prejuicios y tinieblas dejé que Barrabás fuera libre, olvidé que tú eres la única verdad que nos hace libres.
Todo se ha cumplido.
Te vi pasar cargado con tu cruz, exhausto, doliente, como un jazmín caído rozando mis heridas. Y allí me quedé mirando al horizonte, volviendo el rostro para no encontrarme con tu mirada. Te volví a traicionar, a olvidar, a negar y tú… abrazado a la cruz por mis pecados…
Todo se ha cumplido.
Te vi desnudo, retozando como un cordero inocente bajo los golpes del martillo, golpes que traspasaban el tiempo, y que mis manos hacen eternos. Si, yo sigo golpeando el martillo, sigo crucificándote. Y tú me miras y me dices…
Todo se ha cumplido.
Te vi alzado sobre el madero… ¡Señor del mundo! ¡Señor y Rey crucificado! Todo se ha cumplido, se ha rasgado el velo del templo, las tinieblas nos envuelven, los arpegios de mis músicas calladas han desaparecido… me quedé sin aliento, sin palabras.
Todo se ha cumplido.
Y ahora ya es tarde, busco tu mirada y no la encuentro.
Todo se ha cumplido.
Aquí estoy Jesús, desnuda mi verdad ante ti. Acurrucado en el regado de María, apoyado en el hombro de Juan. Aquí estoy Jesús, viviendo el Viernes Santo de la historia y del mundo. El Viernes Santo de tu ofrenda y de tu entrega… el Viernes Santo de mi ingratitud y abandono.
Todo se ha cumplido.
Mi amor está crucificado. Mi esperanza pende de una cruz, de un aliento, de un instante. Todo se ha cumplido. Todo lo harás nuevo… Aquí estoy, en el Calvario, aquí estoy Jesús, en los gólgotas de la vida esperando que todo se cumpla, que todo sea consumado.
Que tu amor viva eternamente, que tu Palabra habite en nosotros, que tu presencia nos aliente, que tu “si” sea un “si” para siempre, un fiat eterno ante el cual mis pecados queden blancos como la nieve. Todo se ha cumplido. Aquí estoy. Jesús, mi amor crucificado.

