Predicación de la V Palabra del Viernes Santo de 2024, por el Rvdo. D. Carlos Palomero Nogueras

Predicación de la V Palabra del Viernes Santo de 2024, por el Rvdo. D. Carlos Palomero Nogueras
Predicaciones Viernes Santo 2024: V Palabra

Nos dice San Juan en su Evangelio: “Sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Tengo sed.”

Queridos cofrades y amigos que nos acompañáis en esta procesión.

La sed es una sensación básica que todos pasamos por ella si no la saciamos con la frecuencia necesaria. Pero en este contexto de la crucifixión, Jesús experimentó una sed extrema debido al sudor derramado en su enorme esfuerzo del Vía Crucis. Esto puede recordarnos la importancia de poder satisfacer las necesidades básicas de las personas, como el agua, la alimentación y el refugio.

En un mundo donde hay quienes sufren de pobreza, de exclusión o de muchas otras penurias de la vida, esta compasión que ahora sentimos por “la sed de Jesús” debe transformarse en un recordatorio de nuestra responsabilidad en ayudar a satisfacer todas esas necesidades físicas que podamos de nuestros hermanos.

Pero también Jesús experimentó la sensación de abandono y la separación de Dios Padre, lo que refleja la sed espiritual de la humanidad por la presencia divina y la conexión con lo trascendente.

En nuestra vida moderna, muchas personas experimentan una sensación de vacío espiritual, buscan interiormente una mano que les ayude a superar los momentos de sed personales, a caminar con un espíritu humano y humanizador, a ser reflejo de esa bondad y misericordia de Dios. Porque en el fondo del corazón todos tenemos la sed más verdadera que es la de ser felices haciendo felices a los demás.

Calmar la sed de los demás nos proporciona un sentido del significado de nuestras vidas. Cuando dedicamos nuestro tiempo y energía a ayudar al prójimo, encontramos un propósito más allá de nosotros mismos.

Recordemos el pasaje de la samaritana en el que Jesús pide de beber a una mujer de Samaría, pues bien sabe quien es ella y lo que necesita, por eso le dirá que si supiera quién es él, le pediría agua viva, que saciaría su sed para siempre.

Consiguientemente, la expresión de “tengo sed”, adquiere una doble dirección. Por un lado se dirige al Padre, en estos momentos que necesita de una ayuda plena y espiritual; por otro lado, toma una dirección a los hombres aludiendo a necesidades que nosotros podemos dar solución con el simple compromiso desde una actitud de bondad y misericordia.

El eminente teólogo y sacerdote estadounidense Brennan Manning, en su conocido libro “El Evangelio Maltratado”, dejará escrita una expresión especialmente bella de esta quinta palabra que Jesús pronuncia en el Gólgota: “En la cruz, Jesús experimentó una sed más profunda que la sed física. Su sed era por la humanidad, por cada uno de nosotros. Era una sed de amor, de reconciliación, de redención. Cuando Jesús dijo ‘Tengo sed’, estaba expresando su anhelo de restaurar la relación perdida entre Dios y el hombre, su deseo de satisfacer nuestra sed espiritual con el agua viva de su gracia y misericordia”.

Jesús en estos últimos instantes de vida humana, quiere crear unos vínculos profundos entre nosotros y Dios. Su sed representa el deseo de restaurar la relación rota entre Dios y el ser humano. “Tengo sed” es la voz de una humanidad que no quiere romper esa necesaria alianza con el Dios que nunca abandona.

También la ya canonizada Madre Teresa de Calcuta indicaba en una reflexión suya que la expresión que alcanzan estas dos palabras son una profunda afirmación de la necesidad de amor y de Dios. Dios tiene sed de nuestras almas. Por lo tanto, debemos acudir a Él con corazones abiertos, ofreciéndole nuestras vidas y nuestro amor. En nuestras acciones de amor y servicio hacia los demás, podemos saciar su sed y encontrar la verdadera felicidad y realización de todo ser humano.

En conclusión, estas dos palabras de Jesús en la cruz nos invitan a satisfacer su sed espiritual a través del amor y el servicio hacia los demás.

Que podamos responder a esta llamada con generosidad y compasión, encontrando en Cristo la fuente de vida eterna y esperanza. Que el amor de Dios nos acompañe siempre.