Predicación de la III Palabra del Viernes Santo de 2024, por el Rvdo. D. Fernando J. Arregui Moreno

Predicación de la III Palabra del Viernes Santo de 2024, por el Rvdo. D. Fernando J. Arregui Moreno
Predicaciones Viernes Santo 2024: III Palabra

Queridos hermanos de las Siete Palabras y San Juan Evangelista, nos encontramos en este momento único de la historia de la Salvación. Después de tres años en los que se ha dejado la misma vida predicando, enseñando, acogiendo, abrazando, perdonando, amando, orando…, Jesús está a punto de morir como el peor de los malhechores; lo ha dado todo…, también en la cruz, a los judíos les ha regalado el perdón y al ladrón arrepentido su cielo, el que nunca tuvo en vida.

Y ahora, ¿comenzará ya Cristo a ocuparse de sí mismo? ¿No es ya tiempo de olvidarse de cuanto le rodea y dedicarse a su dolor que le rompe no sólo el cuerpo, sino el propio corazón?

¡Jesús! te has despojado de todo lo que tenías, te hemos clavado en la cruz, ya no tienes nada (…) y a pesar de todo desde tu sufrimiento tan inmenso sigues viendo nuestra necesidad; aún desde la cruz eres capaz de descubrir nuestra pobreza y la miseria que nos envuelve y que sólo se puede planificar con el amor. Una vez más tienes razón, te das cuenta de que vivimos en un mundo en el que hace demasiado frío para todos; un mundo lleno de desamor, de soledad, de sufrimiento, hambre, guerras, paro…, y todo esto nos produce una tristeza profunda, ¿a dónde iremos sin tu presencia?

Hoy nos entregas a tu propia madre, la que entiende de miradas cómplices, de gestos sencillos, de calor en el corazón, palabras firmes que sostienen nuestra vida, comprensión y amor gratuito para cada uno, María es la mujer sencilla, siempre fiel, atenta a nuestra mirada y nuestro corazón; nos das a tu propia madre para que podamos sentir el abrigo de tu amor y que nuestra vida pueda tener sentido desde ti, desde tu madre, siempre desde el amor y el agradecimiento por tantas cosas que nos has dado en nuestra existencia.

En este momento te has dado cuenta de que te falta entregar el mejor de los regalos a la humanidad. El, que nada tiene, desnudo sobre la Cruz, posee todavía algo enorme: una madre. Y se dispone a entregárnosla.

La escena recuerda las bodas de Caná. La idea profunda de San Juan es ésta: María no aparece hasta este momento preciso de “la Hora”. Apareció en Caná y aparece también ante tus ojos…, este es el momento culminante, el de tu cruz, al mirar y ver a María te reconfortas Señor porque ves en ella toda la humanidad doliente.

Cuando Jesús recorría los caminos por Palestina, María no estaba físicamente con él, La que había estado alejada del Hijo en los años de su misión, es ahora traída aquí por Él, Aquí entra en la misión del Hijo con el mismo oficio que tuviera desde su origen el de madre y que nunca ha dejado de ejercer, aunque no estuviera, casi nunca, en primer plano.

Este es el último regalo que Jesús nos hace antes de morir. Y esa fue la gran tarea que encomendó a María. Fue como una segunda anunciación. Hacía treinta años que el ángel Gabriel la invitó a entrar en los planes de Dios. Ahora, es su propio Hijo el que le anuncia una tarea más difícil todavía: recibir como hijos de su corazón a todos los hombres y mujeres de este mundo, incluso a los que matan a su Hijo. Y ella acepta, diciendo de nuevo: “hágase”.

María no comprende los designios de Dios, no logra entender lo que está viviendo, tiene un corazón absolutamente desgarrado.

Sin embargo Dios no le pide que comprenda sus designios; para nosotros también es imposible comprender muchas veces lo que estamos viendo, en cuantas ocasiones nos enfrentamos a enfermedades, sufrimientos o muertes cercanas que no comprendemos de ninguna manera, no se nos pide comprender este misterio, se nos pide, más bien saber contemplar y acompañar el misterio como lo hizo María, desde el silencio, la aceptación y el amor.

¡Qué divino y que humano se revela Jesús en este momento! Este último acto amoroso de Jesús nos recuerda que la verdadera espiritualidad nos hace siempre más humanos con aquellos que tenemos cerca. Una espiritualidad que no cuenta con las personas no es verdadera; la espiritualidad se vive y se concreta en nuestra relación con Dios y, junto a esto, en el amor a los cercanos, sobre todo con los más débiles y necesitados.

Querido hermano que escuchas estas palabras de Cristo en la Cruz, no es fuera de nuestra vida donde podemos acoger a Jesús, aunque asistamos a grandes manifestaciones religiosas, en realidad es en el interior de nuestro corazón donde acogemos o rechazamos a Jesús, donde ignoramos o abrazamos el misterio que nos toca vivir, hoy cada uno de nosotros acompañamos a Jesús junto a María en este momento de dificultad extrema. Somos como Juan; contemplamos, oramos, lloramos, callamos…, dejemos que esta escena cambie nuestra vida descubriendo el sufrimiento inhumano del que ha dado la vida para traernos la salvación.

No estamos solos, Jesús nos da su fuerza, María está pendiente de nosotros y la Iglesia nos acompaña. Que como María sepamos contemplar, aceptar, abrazar la cruz de Cristo que es también la nuestra para repartir a manos llenas lo mejor que tenemos como el mismo Jesús. María, madre de Jesús y Madre nuestra intercede por nosotros y ayúdanos a sentir tu presencia, tu fuerza y tu amor. Gracias Señor por este regalo de tu madre, lléname del amor de Dios con tu presencia. Dame un corazón de niño que siempre te necesite y te quiera.

No nos dejes Madre nuestra en este momento tan importante de nuestra historia y de nuestra vida.